Monumento perdido

Monumento perdido

Septiembre 29, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Le debo a Miguel Gamboa la información sobre el ‘Monumento a los estudiantes caídos’ que se erigió en Cali, tal vez en 1958, y sobre el cual existe muy poco conocimiento.Eugenio Barney Cabrera, en su imprescindible ‘Geografía del arte colombiano’, lo describe como “un bronce no figurativo enmarcado por cortinas de agua y estanques de moderno y severo diseño, se alza en la plazoleta recordatoria de la juventud libertaria. No hay demagogia escultórica, ni dramas humanos, de obvias figuras heroicas. Pero si formas que se elevan, liviandad de los volúmenes, calidad severa en el bicromatismo de la materia, y espacios vacíos que cumplen su valor plástico en armonía y exacto juego con el bronce. Elementos, en fin, absolutamente escultóricos…”.Fue destacado, en su momento, como uno de los primeros monumentos públicos de arte moderno construido en cualquier ciudad de América del Sur. Pero no tenemos ni vestigio de él, ni sabemos con certeza que le sucedió.Conversé al respecto con Soffy Arboleda, quien me dijo que ella conoció el monumento, que estuvo presente el día de su inauguración -cuya fecha no recuerda- y que quedó en la vieja calle Quinta, frente a Miraflores. Se trataba de una fuente de agua, al centro de la cual estaba la escultura, construida en bronce y concreto. Me dijo que había tomado fotografías, para enviárselas a Negret, quien no pudo estar presente el día de la inauguración.¿Qué le pasó? Según Soffy, fue gravemente afectado por una pedrea protagonizada por estudiantes rebeldes, enfrentados a la Policía. Según María Thereza Negreiros, quien también supo del monumento, luego del deterioro inicial, personas deshonestas comenzaron a llevarse partes de la escultura, en especial el bronce, hasta que no quedó prácticamente nada. Finalmente, con la ampliación de la Quinta, con motivo de los Juegos Panamaricanos, los restos de la bella obra de Negret desaparecieron del escenario urbano. Una vergüenza para Cali, de la que tan sólo quedan retazos de memoria.Hay otros testigos de la época, que escriben otras cosas. Arturo Alape dice, en la revista ‘Número’, que el monumento se construyó “en el filo de una colina, en la época de la invasión que culminó con el barrio Alberto Lleras”. Y Julio Abril asegura que el monumento se proyectó, pero no se construyó. Dudo de estas afirmaciones, por varias razones obvias, pero sobre todo porque le creo a Soffy y también a María Thereza, quienes nunca me han defraudado con sus datos. Y, claro, a Eugenio Barney, uno de los investigadores más serios y profundos de nuestra comarca. Incluso a Marta Traba, que elogió la escultura y es citada por Barney en la página 84 de su libro.Escribo esta columna cargada de dudas, para que los lectores y los testigos de los hechos nos ayuden a desentrañar esta historia que nos habla de un gran monumento a los estudiantes y de su misteriosa desaparición. Y también para que la lea el Director de Planeación de Cali, a quien tan poco parece importarle la suerte de los bienes de interés cultural presentes en la ciudad, hasta el punto de que se negó a colocar en el POT la obligatoriedad de “elaborar los Planes especiales de Manejo y Protección de los patrimonios culturales de la ciudad”, pese a que es una obligación legal. De hecho, tampoco está en el Plan de Desarrollo del Municipio.Los economicistas debieran saber que “Cuando se pierde el alma, no queda sino el pellejo”.

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