Perseguidos

Perseguidos

Enero 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Colombia debe ser el país con más perseguidos políticos del mundo. No recuerdo ningún proceso de esos que son pan de cada día en Colombia en el que el indiciado no diga que es un perseguido de la Justicia. Traigo esto a colación a propósito de la investigación abierta a Óscar Iván Zuluaga, de quien tengo una buena imagen, aunque no tanto de su consejero Luis Alfonso Hoyos, pero el caso es que no bien terminaba la Fiscalía de hacer el llamado a ambos a una indagatoria para que respondan por el caso del hacker Andrés Fernando Sepúlveda, cuando ya todo el Centro Democrático trinaba que se trataba de una persecución política. Cuando Samper era investigado por la entrada de dineros del narcotráfico a su campaña, su defensa fue que era un perseguido del fiscal Valdivieso, de los conservadores liderados por Pastrana y del imperialismo gringo que querían sacarlo del poder. Los uribistas radicales justifican las escuchas irregulares a los magistrados de la Corte y periodistas porque consideran que su caudillo era un perseguido de los magistrados y comunicadores zurdos ‘castro-obama-chavistas’. A Sandra Morelli y Andrés Felipe Arias les abren procesos de investigación, corren entonces a refugiarse al exterior y adivinen en qué se convierten. No nos vamos muy lejos. Apolinar Salcedo se declaró un perseguido de la oligarquía caleña por ser negro, pobre y ciego. Juan Carlos Abadía y su socio Juan Carlos Martínez clamaron también ser perseguidos por las castas políticas tradicionales que no soportaban que este par de hombres probos de la política del Valle hicieran lo mismo que ellos, es decir, administrar recursos públicos para sí mismos y sus amigos. Dilian Francisca Toro, la baronesa del Valle, también ha denunciado persecuciones en su contra, a raíz de las investigaciones que le abrieron por ‘bobadas’. Miembros del Centro Democrático muestran unos carteles en los que dicen: ‘No somos criminales, somos opositores’, tratando de crear la percepción de que existe una persecución en su contra y tal vez con el propósito de deslegitimar la institucionalidad y crear un clima de zozobra en el país. En conclusión, aquí todo mundo es perseguido, esto es peor que Corea del Norte, Cuba o Venezuela juntos. Aquí los políticos son los primeros que no creen en la Justicia, la misma que ellos juran defender cuando asumen sus cargos. Apenas se abre cualquier proceso en su contra, se declaran acosados, hostigados. Algunos se van de ‘vacaciones’ y mandan trinos desde la clandestinidad, arremetiendo contra quienes consideran sus ‘enemigos’ y pontificando sobre lo divino y lo humano, mientras queda un mensaje de un país ‘descuadernado’ en el que la Justicia opera para el más pendejo o para el que no tiene plata.

VER COMENTARIOS
Columnistas