Memorias de violencia

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Memorias de violencia

Julio 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gerardo Quintero

Las cifras por sí solas son aterradoras: 220.000 personas asesinadas, 25.007 desaparecidas, 5.712.506 desplazados, 16.340 asesinatos selectivos, 1.982 masacres, 27.023 secuestrados, 1.754 víctimas de violencia sexual y 6.421 casos de reclutamiento forzado. No estamos hablando de Ruanda, Sarajevo, El Congo o Siria. Estos escalofriantes números son la realidad de 50 años de guerra en Colombia y que fueron presentados por Gonzalo Sánchez, el director del Centro Nacional de Memoria Histórica de Colombia. Si usted aquí no encuentra razones para buscar una salida a esta guerra fraticida de los colombianos, mejor no siga leyendo. Aquí están las brutales razones por las que mi esperanza está cifrada en alcanzar un acuerdo de paz en el proceso que se adelanta en La Habana con las Farc.Trato de entender esos corazones guerreros de tantos colombianos que sueñan con la ‘tierra arrasada’ y que los campos se sigan tiñendo de sangre en una guerra sin cuartel, pero no puedo dejar de pensar en todas las muertes que nos ahorraríamos, en todos los soldados que cumplirían sus sueños, en todos esos campesinos que volverían a lo que saben hacer mejor, arar la tierra.Sí, reconozco que es muy difícil para algunos voltear la página, perdonar, arrancar de nuevo, asumir sus propios errores, construir un nuevo país, pero contengo la esperanza. Mis hijos, sus hijos, merecen una oportunidad diferente en esta tierra de guerra, de violencia, de muerte. Me detengo en estas cifras y me abruman, son asqueantes para un país que aspira superar sus niveles de miseria. Sí, habrá que tragarse muchos ‘sapos’ en aras de la reconciliación, pero eso ha ocurrido en Irlanda, Sudáfrica, Ruanda, Mozambique, Nicaragua, El Salvador. Cuando a Albert Einstein le preguntaron si había algún arma capaz de contrarrestar el poder de la bomba atómica, el brillante científico sugirió la mejor de todas: la paz.Hoy, cuando los clarines de la guerra vuelven a encenderse y desde algunas trincheras de escritorio los odios se perpetúan y se clama por el repicar constante de los fusiles es necesario recordar a esas 220.000 almas perdidas en un conflicto eterno. Es la hora de la reconciliación, la tolerancia, de la verdad, la justicia y la reparación. Colombia necesita vivir en paz, sin odios extremos, sin desear el aniquilamiento de aquel con el que no compartimos ideas.

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