La dura tarea de Duque

La dura tarea de Duque

Agosto 07, 2019 - 11:45 p.m. Por: Gerardo Quintero

Muy poco para celebrar en el primer año del presidente Iván Duque. Buen tipo, bien intencionado y la cara amable de un partido que parece destinado a replicar los odios de su gran líder. Justamente allí radica el problema. Imbuido en una encrucijada en la que no sabe cómo zafarse del presidente eterno, Duque no ha podido encontrar el norte de su gestión. Con un equipo técnico y muy poco político, la capacidad de maniobra se ha visto reducida por una serie de errores y una carga proveniente del pasado, pero a la que tampoco él ha podido darle solución. El asesinato diario de líderes sociales, el deterioro de la seguridad en varios departamentos y la sensación de que el país está volviendo a las más oscuras épocas de violencia no ayudan a un Presidente que se ve sobrepasado por la barahúnda de un país polarizado, corrupto y narcotizado.

Muy difícil para un hombre como Duque, inexperto, ‘buenazo’, al que la mayoría de medios de comunicación intenta ayudarle con titulares favorables, pero que tiene encima una carga que no le deja crear su propia agenda. Como lo dije en una pasada columna, trabajar con el patrón soplando la nuca es muy complejo. Uribe es la calma y la tormenta, es quien lo aupó sobre sus hombros, pero es su propia perdición. Los dardos más venenosos provienen de su propio partido, sus congresistas más egregios no le creen y piensan que le falta carácter para meterle candela a esto e incendiar el territorio. Y si a esto se suma una oposición hirsuta, cegada, esperando el regreso de la ‘dulce mermelada’ y que con sus posiciones radicales contribuye a un espíritu de división que cada vez carcome más las débiles estructuras de la institucionalidad, estamos a un paso de entrar en una espiral de violencia sin regreso.

El país que le tocó a Duque está al revés. Y lo peor es que el capitán no encuentra el rumbo. Hay un estancamiento en la economía, la generación de empleo, el optimismo, incluso, está en uno de sus ciclos más bajos. El fracaso de los proyectos anticorrupción que se había comprometido a apoyar, la reforma política que no despega, las diferencias públicas entre lo que piensa el gobierno y sus aliados en el Congreso, los porrazos para desestabilizar la JEP y el sostenimiento de ministros como el de Defensa que demuestran un absoluto desconocimiento de su cargo, son aspectos que han ido minando la confianza en el Gobierno.

Tiene tres años Iván Duque para demostrar que es el mandatario que buscará la unión de los colombianos, como lo anunció hace un año en medio de la borrasca bogotana que presagiaba lo que se venía. Tres años para darle rumbo a una administración que navega entre el temor a enfrentar al presidente eterno y sus cancerberos y la crítica desmesurada de la oposición. Es hora de que el Presidente remueva las hojas de algún árbol para que vea el bosque completo. El país está ardiendo, así muchos se nieguen a verlo. Las malas noticias siempre llegan primero en empaque de rumores y fatigosas premoniciones. Si Duque no coge las riendas, el país se irá por un desagüe sangriento.

Sigue en Twitter @Gerardoquinte

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