¿Y ahora qué?

¿Y ahora qué?

Mayo 12, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

¿Y ahora qué? Esa es la pregunta que muchos nos hacemos al pensar en Venezuela. Nos alcanzamos a ilusionar con el alzamiento militar en la base La Carlota, la liberación de Leopoldo López, el regreso entusiasta de los ciudadanos a la calle y los rumores sobre la partida de Maduro. Creímos que el dictador tenía las horas contadas y que iniciaría una nueva etapa para el país vecino, tras veinte años de destrucción de vidas y riqueza.

Creímos mal. Poco a poco la Operación Libertad se desvaneció o nunca fue tan fuerte como los medios informaron o simplemente vimos lo que queríamos ver, no la realidad. La realidad terminó ser que Maduro sigue ahí con apoyo de la mayoría de los militares y que ya empezó su retaliación al retirar la inmunidad a tres miembros de la Asamblea Nacional, quienes no han tenido más opción a resguardarse en las embajadas amigas.

Se ha intentado todo. Difícil encontrar una ciudadanía con igual capacidad de aguante a la venezolana, sin más arma que la bandera de su país, sus pies y su voz; un presidente de transición elegido por la Asamblea Nacional, reconocido a nivel internacional, y todo tipo de propuestas para que el gobierno y los militares den un paso al costado y dejen el poder por los buenas, evitando una mayor destrucción de riqueza y ríos de sangre.

Nada funciona, nada ha sido efectivo. Tampoco las sanciones económicas. Lo único que no se ha intentado es el uso de la fuerza. La que espanta a más de uno y con razón, pues puede desencadenar un enfrentamiento civil interno con variadas consecuencias. Por eso el Grupo de Lima ha sido cauto, incluso los norteamericanos a quienes les debe doler el maxilar de tanto mostrar los dientes sin actuar, perdiendo total credibilidad.

Es hora de considerar seriamente una coalición militar regional para sacar a Maduro y a su séquito de uniformados a las malas. Infortunadamente, las democracias no tienen antídoto contra las dictaduras que se la toman desde dentro, que socavan poco a poco sus instituciones y las utilizan para acomodar las leyes a la medida de sus ambiciones hasta destruir el sistema político que les permitió la llegada y usurpación del poder.

Guaidó debe estar desesperado. Mantener viva una esperanza a punta de Twitter no es fácil, y menos en huida permanente, más ahora que Maduro está decidido a arrestarlos. Por eso, deben tomarse decisiones: la Asamblea, autorizar la cooperación militar, y el Grupo de Lima, apoyarlo. Esta crisis no se va a resolver con más declaraciones ni buenos modales. Hay momentos en la vida en que las palabras se agotan y es imperativo actuar.

La pregunta de fondo es si Trump realmente está dispuesto a intervenir en Venezuela. Ha dicho que todas las opciones están sobre la mesa. Si se decide a hacerlo, no lo va a anunciar, ni torpe que fuera. Más requiriéndose una operación quirúrgica para sacar al dictador, neutralizar a los militares, y disuadir a ciudadanos leales al régimen de salir a la calle a defenderlo. No es un tema fácil ni libre de riesgo. Ninguna acción militar lo es.

Dirán unos que esa no es la mejor solución y tienen razón. No es una solución óptima, pero es la que queda. Es hora de sopesar los derechos ultrajados de los venezolanos y los riesgos inherentes a toda acción militar; de poner en la balanza la angustia de un pueblo que pide a gritos el apoyo de su región o guardar unas apariencias de respeto a la no intervención en los asuntos de un Estado que no es Estado, pues está secuestrado.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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