Venezuela: ¿Sin salida?

Venezuela: ¿Sin salida?

Octubre 21, 2018 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Como las enfermedades autoinmunes hay democracias que se destruyen a sí mismas. Preciso, las destruyen desde adentro. Es el caso de Venezuela, que poco a poco migró hacia una dictadura y hoy se encuentra secuestrada y sin opciones fáciles de cómo salir del atolladero. Mientras unos creen que la solución debe venir de adentro, otros piensan que no hay opción a impulsarla desde afuera. En medio, millones de personas sufriendo.

Difícil encontrar un pueblo con la capacidad de aguante del venezolano y una oposición tan perseverante, pese a sus fisuras y el desgaste de tantos años de una lucha desigual -que para algunos ha sido estéril-; cientos de marchas, elecciones fraudulentas, medios silenciados, asesinatos y desapariciones, escases de alimentos, éxodo y miseria. Y nada. Ahí sigue Él, atornillado, gracias a los militares y a la complicidad de algunos países.

En Venezuela se ha intentado de todo o casi todo y hemos llegado a un punto en el que nada pareciera ser efectivo para que Maduro convoque a elecciones libres, renuncie, o que los militares lo conminen a irse; opción poco probable en el corto plazo pues son parte del régimen o dependen de él. Como los ‘enchufados’ -esa minoría que vive de los contratos estatales en la más vergonzosa opulencia mientras el país se cae a pedazos-.

Hay quienes confían que la Corte Penal Internacional le eche mano a Maduro. No es fácil y tomaría tiempo. El único que puede solicitarle a la Fiscal de la Corte que lo investigue es el Consejo de Seguridad de la ONU y no ocurrirá pues ahí están China y Rusia, los reales dueños de Venezuela. Es decir, toca esperar a que lo decida de oficio la Fiscal de la Corte, pues ningún miembro se lo puede exigir, y tardará años para producir efectos.

Otra opción es el embargo del petróleo venezolano. Estados Unidos ha tomado medidas contra el régimen de Maduro y seguro contempló esta. Quizá no lo hizo por su impacto en los precios del crudo y de los combustibles en su país y por su efecto en la población venezolana. Pero el mercado pareciera ya haber descontado la caída en la producción de Pdvsa y el régimen venezolano ya está recibiendo el golpe de su propia ineficiencia.

El presidente Trump dio de qué hablar al afirmar que todas las opciones, incluidas “las fuertes” estaban sobre la mesa. Le cayeron duro: que convertiría a Maduro en víctima y desataría una guerra civil -pues las milicias estarían armadas hasta los dientes- y que prima el principio de no intervención. La más aterrizada: no es claro lo que pasaría tras una intervención militar; Venezuela no es Afganistán, pero lo que seguiría no sería fácil.

La única opción medianamente viable -si acaso existe- pareciera ser una combinación interna y externa: que un grupo de militares -con pantalones- del vecino país, entre en razón o la negocie, le exijan a Maduro irse a las buenas o a las malas, establezca una transición, y llame a elecciones. Pero eso no ocurrirá por generación espontánea: eso solo es posible afinando las medidas externas y con una decidida presión internacional.


El pueblo venezolano está sumido en la indefensión, con sus derechos ultrajados y una vida deplorable. Prueba de ello, la migración masiva por todo el continente. Lo triste es que somos corresponsables: Maduro no estaría en el poder si el anterior Gobierno de Colombia, la región, Estados Unidos y Europa, lo hubiesen aislado y parado a tiempo. Las democracias no cuentan con medios para deshacerse de un dictador, pero el mundo sí. A la espera de una solución óptima nos convertimos en espectadores de una tragedia.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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