¿Por qué no se va?

¿Por qué no se va?

Enero 27, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Luis Almagro, secretario general de la OEA, dijo que lo más inteligente que podría hacer Maduro es renunciar, pero dado que sería lo más inteligente, no lo hará, en abierta burla del coeficiente intelectual del dictador venezolano. Surge la inquietud entonces de por qué no lo ha hecho y por qué los militares se atornillan con él al poder, en vez de dar un paso al costado. En lugar de hacer lo que pareciera ser lo más inteligente para muchos.

La situación de Venezuela es cada día peor. La economía está destrozada: el PIB ha caído 45 % en tres años, la inflación en 2018 fue 2.500.000 %, la producción de petróleo sigue cayendo (bordea el millón de barriles) pese a ser el país con mayores reservas de crudo, la pobreza extrema supera el 60 % y el salario mínimo mensual equivale a $38.000 pesos colombianos. Un desastre que evidencia el fracaso del modelo económico de izquierda.

Como si eso fuera poco, a nivel internacional el régimen está cada día más solo y aislado. Así lo corrobora el desconocimiento a la legitimidad de su nuevo mandato y el apoyo de 16 países de la región al presidente de transición, Juan Guaidó. Qué decir de la marcha del 23 de enero, que pasará a la historia como una de las más grandes expresiones de rechazo jamás vista y que reafirma el talante y la perseverancia del pueblo venezolano.

Si es evidente que lo sensato para Maduro sería renunciar ¿por qué sucede lo contrario? Su raciocinio es otro completamente. Su análisis costo-beneficio le indica que bajo las actuales circunstancias tiene más que perder si renuncia que si continúa en el poder. La lógica del tigre acorralado que responde con más agresividad pues no ve una salida. El dictador seguramente teme por su seguridad y por lo que le sucedería en materia penal.

Esta lógica tiene algo de sentido. En lo económico Maduro aún tienen oxígeno petrolero, Rusia y China lo respaldan pues Venezuela está hipotecada a estos países y una caída del régimen los perjudicaría, no existe una amenaza militar real en su contra, la Fiscalía de la Corte Penal Internacional (CPI) es timorata, y a juzgar por los hechos, Juan Guaidó no es el primer ‘presidente paralelo’ y le quedará difícil ejercer sin los militares y Pdvsa.

¿Cuál es la opción? La primera, sacarlo por las malas. Requeriría un embargo económico de verdad, que tendría que iniciar porque Estados Unidos deje de comprarle 530 mil barriles diarios de petróleo, el rompimiento de relaciones diplomáticas, la decisión de la CPI de investigar a Maduro y sus secuaces, y una fuerza militar conjunta de orden regional avalada por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (lo que no ocurrirá).

En este caso se corre el riesgo de un aislamiento mayor de Venezuela como sucedió con Cuba, lo cual tiene sus complicaciones, y crearía un frente de tensión global en la región. La otra opción, negociar la salida del poder. Maduro sabe que es solo cuestión de tiempo para que el régimen colapse. La crisis pareciera acercarse a un punto de inflexión: crece el rechazo internacional, hay fisuras entre los militares, y el uso de la fuerza está latente.

Lo ideal sería que Maduro y los militares dieran un paso al costado, incluso negociando su salida. No es necesariamente lo más ético, pues existen razones y de sobra para que terminen en la cárcel y allá seguramente van a ir a parar. Pero incluso este escenario no se dará sin mayor presión externa. Por lo pronto y contrario a lo deseado, el desenlace de la crisis en Venezuela no es claro. Lo que es inteligente para unos no lo es para otros y para el régimen venezolano, irse pareciera ser peor que quedarse. Al menos por ahora.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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