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No lo ven ni quieren ver

Octubre 11, 2020 - 06:50 a. m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Palo de lado y lado ha recibido el Gobierno por la implementación del Acuerdo de Paz. Unos lo critican “por falta de compromiso” y otros “por no hacerlo trizas”. Más allá de la vergonzosa actuación de los máximos comandantes de las Farc y la JEP, vale la pena dar una mirada a lo que está pasando con los guerrilleros rasos que se desmovilizaron y los municipios más afectados por la violencia; dos componentes claves de lo firmado.

Informa la Consejería Presidencial para la Estabilización y Consolidación, que 11.982 personas hacen parte del Registro Nacional de Reincorporación; 2531 en los espacios territoriales que se crearon para la desmovilización y 9538 fuera de estos. Sin contar más de mil que están iniciando el proceso. Un número importante de exguerrilleros que ha preferido iniciar una nueva vida, por retadora que sea, en lugar de regresar al monte.

Los datos de la reincorporación social y económica son igual o más esperanzadores. La mayoría optó por volver a las aulas: 10.424 ya cuentan con una básica primaria, 10.210 están matriculados en el Sena, y 733 se graduaron como bachiller en 2019 y aspiran ir a la universidad. Si esto fuera poco, el 51% realizan proyectos productivos individuales o colectivos, el 98,1% cuenta con salud y el 82,5% está afiliado a un fondo de pensiones.

Igual de relevante es lo que sucede con los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial, Pdet, cuyo objetivo es acelerar el progreso en las zonas con más alta violencia; 11.000 veredas en 170 municipios de 19 departamentos. El anterior gobierno puso en marcha dos de los 16 Pdet; el actual 14, en dos años. Más de 200.000 personas participaron del proceso; identificaron 32.000 iniciativas, adoptadas ya por Ordenanza Departamental.

Con el apoyo de las distintas entidades del gobierno, se lograron asignaciones para los municipios Pdet por $1,2 billones en 2020, de los cuales se han ejecutado $590.000 millones. Y para 2021, el Congreso aprobó $1,02 billones más. Sin contar $3,3 billones del Ocad-Paz ($2,2 billones de regalías) para vías terciarias, agua potable, saneamiento básico, y energía eléctrica; proyectos alineados a las prioridades definidas en los Pdet.

Además de la confianza creciente en la ruta de reincorporación y el avance en los Pdet, el Gobierno -con el liderazgo tozudo del consejero Archila y otros funcionarios- impulsa los programas de apoyo a víctimas de la violencia, restitución de tierras a sus titulares, y sustitución de cultivos ilícitos, con resultados valiosos. Temas complejos que reflejan el compromiso de paliar la violencia en el marco de una política de paz con legalidad.

Pero los contradictores del Gobierno -los que pregonan la defensa de la paz- no lo ven ni quieren ver. Minimizan, entre otros, los logros señalados, para que la opinión pública crea que Duque no está interesado en la implementación del Acuerdo de Paz y tratar de responsabilizarlo de los desaciertos palmarios derivados del mismo; aunque para nadie es un secreto ya que si bien no hay acuerdo de paz perfecto, este es bastante imperfecto.

No lo ven ni quieren ver porque tendrían que reconocer que lo único que funciona de la apuesta por la paz, no libre de dificultades, es lo que está haciendo el actual Gobierno. El resto, un caos: no se hizo bien y a tiempo la ocupación del territorio dominado por la guerrilla, se atizó el narcotráfico y su violencia, los de curul regalada son una vergüenza y la JEP no da señal de tener garra para expulsar o castigar a los máximos responsables de las Farc. Al paso que vamos habrá hecho más por la paz este gobierno que el anterior.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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