Mano dura

Mano dura

Enero 20, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Era cuestión de tiempo para confirmar el desinterés del Eln en la paz. El vil asesinato de 20 policías y cerca de 70 heridos con carro-bomba en la Escuela General Santander, lo corrobora; un grupo interesado en el fin del conflicto no realiza semejante barbarie, no provoca de esa manera al país. El Presidente no tenía opción a suspender los diálogos, convocar a la Nación contra el terrorismo e intensificar la guerra contra esos criminales.

A juzgar por los hechos la estrategia del ELN fue aprovechar los diálogos con el gobierno Santos para reorganizarse y rearmarse. Identificó el desespero de entonces por lograr una “paz completa” y lograron pactar un apresurado cese bilateral al fuego, que les sirvió para tomar aire y ocupar algunos espacios estratégicos que dejó las Farc. Además, nunca liberó a los secuestrados, siguió traficando y atentando contra la infraestructura del país.

Ahí está el resultado de forzar un proceso que nunca tuvo pies ni cabeza, empezando por la agenda abierta y la metodología, que apuntaba a dilatar indefinidamente el proceso y a no abordar los temas de fondo. Bastaba escuchar o leer las entrevistas a alias Beltrán y Gabino, para desconfiar de ellos. Sin embargo, muchos colombianos -quizá en negación- guardamos cierta esperanza de que fuese cierto el interés del Eln en un acuerdo de paz.

El problema es que si hace unos años la posibilidad de un acuerdo con esa guerrilla era remota, ahora lo es más. Hace unos años estaban diezmados, ahora han ingresado a sus filas cientos de disidentes de las Farc y expandido la red de milicianos urbana y rural; hace unos años su presencia se limitaba a unas pocas zonas, ahora se ha incrementado. Es decir, hace unos años estaba acorralada y hoy está a sus anchas y con mucho dinero.

Seguramente el ELN dirá, con el cinismo que lo caracteriza, que no fueron ellos y quieren la paz. Embusteros. A Duque le tocó hacer con el Eln lo que a Uribe con las Farc: emplear todas las capacidades del Estado y la ley para acabar con ellos, en campos y ciudades. Para dar de baja a los cabecillas, recuperar el control territorial perdido y desmantelar las milicias urbanas y rurales; ‘elenos’ de civil o de capucha infiltrados en la sociedad .

Y un tema crítico: constituir una alianza regional para conminar al gobierno de Maduro a no seguir protegiendo al Eln en su territorio. Mientras esa guerrilla -y eso incluye a los milicianos- cruce sin dificultad y se refugie al otro lado de la frontera, en complicidad con la Guardia Nacional Venezolana, será difícil asestarles un golpe decisivo. Reforzar las operaciones militares y de policía en esa zona del país, es por lo tanto una obligación.

Todo esto no será efectivo si no rodeamos de verdad a las Fuerzas Militares y de Policía. A diario asesinan soldados y policías y pocos se inmutan. Tiene que ser un atentado atroz para que el país reaccione. Rodear a nuestra Fuerza Pública significa exigirles y bastante, pero también ser realmente solidarios con ellas. Duele ver como despotrican de ellos y el irrespeto con que a veces los tratan; la ingratitud con quienes dan su vida por la patria.

He tenido la oportunidad de conocer de cerca a nuestras Fuerzas Militares y de Policía. Trabajar con ellos. No son organizaciones infalibles y sin duda siempre habrá espacio por mejorar, pero son el pilar de nuestra institucionalidad. Sin seguridad y orden no hay nada, ni justicia, ni libertades y derechos; solo barbarie, como el atentado del jueves. ¡Mano dura, señor Presidente! Y solidaridad real, no de coyuntura, con nuestras Fuerzas.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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