Linchamiento

Linchamiento

Agosto 11, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Más de uno se debe estar frotando las manos ante el linchamiento en las redes sociales a Vicky Dávila, a raíz del cruce de trinos de la periodista con Gustavo Petro. En especial, aquellos que han sido blanco de sus opiniones o no comparten su estilo. Y al hacerlo, al sentir un fresquito retaliador, no se dan cuenta -o se dan, pero les puede la inquina- de la gravedad de los hechos y la importancia de solidarizarse con la comunicadora social.

Todo inicia con la divulgación por parte de la periodista de un video de un acto político en Ciénaga, Magdalena, en el que reciben con huevos a Gustavo Petro y a Carlos Caicedo. No demoró la respuesta en Twitter del Senador de la denominada Colombia Humana, indicando que los hechos no habían sido así, que “en medio de un caluroso recibimiento, el clan Cotes aliado al clan Gnecco trató de sabotear violentamente la manifestación”.

Tras un cruce de mensajes entre ellos, Vicky Dávila cambió la redacción que introduce el video de manera sarcástica: “Una multitud infinita, nunca antes vista, recibió al Rey Don Gustavo Petro y a un señor Caicedo, en medio de estruendosos aplausos y vítores, de pronto, las mafias de la región quisieron hacerlos tortilla, lanzando huevos.” Ahí fue Troya: empezó a circular masivamente en las redes un hashtag: #VickyNueraParaca.

Dado que para algunos no es claro el alcance del hashtag es pertinente explicarlo. Vicky Dávila, viuda de su primer matrimonio, se casa en segundas nupcias con el médico José Emiro Gnecco, hijo del político del Cesar, Lucas Gnecco, vinculado al paramilitarismo y a un prontuario de corrupción. El hashtag busca entonces lastimar la credibilidad de la periodista, recordando a su suegro, como si fuese culpa suya que sea un delincuente.

Pero va más allá, no es un simple recordatorio. Busca acallar a Vicky Dávila, asociándola, así sea indirectamente, al intento de boicot del acto político. La alusión de Petro al clan Gnecco como responsables de los huevos ante el trino de la periodista, no es casualidad. Tampoco el hashtag y su divulgación por parte de los simpatizantes del Senador, quien señala olímpicamente que detrás del hashtag contra Dávila, no están él ni sus áulicos.

No nos crean tan ingenuos. Es clara la relación de Petro con el hashtag. Qué más prueba que la tardanza en rechazarlo, tímidamente, además. Y lo hizo, solo cuando la periodista lo increpó en las redes para que dijera si él estaba detrás de la campaña de desprestigio. Una vez causado el daño, una vez puesto en peligro la vida de la periodista y su familia. De ahí la importancia de ver el reciente video de Vicky Dávila en su cuenta de Facebook.

Es importante porque confirma, además, quién es Gustavo Petro. Para efectos de ir a la cabina radial de la periodista no le importaba su asociación con el suegro; ahora sí, por supuesto. Es la política del todo vale, incluso, poner en riesgo la vida de otros. Delicado, más en quien aspira otra vez a ser presidente. No cuesta imaginarse lo que sería esa terrible tiranía, cómo acallaría a sus contradictores y destruiría nuestra democracia.

Vicky Dávila no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo. Pero más allá de si se está de acuerdo con ella, es inaceptable el linchamiento al que ha sido sometida y el tenebroso uso de las redes sociales. Y menos, de parte de un Senador y sus seguidores. Ni ella ni su esposo tienen por qué responder por las actuaciones de otros; vil artimaña para tratar de silenciarla, de apocar su imagen y su credibilidad. No lo conseguirán. No lograrán silenciarla, ni a ella, ni a millones de colombianos. ¡Ánimo Vicky, no estás sola!

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