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Legados y desafíos

Enero 05, 2020 - 06:55 a. m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Jorge Iván Ospina recibe una mejor ciudad luego de las administraciones de Guerrero y Armitage. En estos años, Cali no solo recuperó la autoestima y la confianza en lo público, sino, la capacidad de trabajar unidos, todos, por el bien de la ciudad. Y se avanzó mucho en áreas neurálgicas como la seguridad y la movilidad, en la renovación social urbana y ambiental, y en apuestas estructurales como la educación. Pero hay mucho por hacer.

En los últimos ocho años la tasa de homicidios pasó de 82 a 45 por 100 mil habitantes, la más baja en 25 años, y las víctimas de otros delitos se redujeron considerablemente. Una mayor inversión en seguridad y una prevención social focalizada del delito, lo explican. El reto es continuar disminuyendo los homicidios, ojalá llevarlos a menos de un digito, y hacerles frente a otros delitos de alto impacto ciudadano, como el hurto a personas.

En movilidad Cali no ha bajado la guardia en estos años, pero el tráfico la tiene infartada. Es urgente concluir las obras de descongestión del Sur y junto con la Gobernación hacer realidad el tren de cercanías -y su corredor verde- con un aporte del 70% de la Nación. Pero estos proyectos serán insuficientes si no se fortalece el MÍO y se les pone orden a las motos. Y no debe descartarse desempolvar el proyecto de la Avenida de los Cerros.

Pero además de la seguridad y la movilidad, la ciudad debe seguirle apostando a la renovación urbana. Ciudad Paraíso es quizá el proyecto social, urbano y ambiental más importante en la historia de Cali.
Responde además a una política seria y acertada de redensificación, que se debe consolidar. La ciudad no debe expandirse ilimitadamente, debe crecer en altura, donde hay servicios públicos y varias modalidades de transporte.

Este proyecto no debe reñir con la ampliación del Parque de la Salud y el parque frente a Cosmocentro, iniciativas que datan de la alcaldía de Guzmán, cuando dichos predios fueron declarados de utilidad pública para ser adquiridos, lo que no ocurrió en 25 años. Y debería retomarse el diálogo con la Nación para desarrollar un gran parque de ciudad, con vivienda y uso mixto, en predios de la base aérea, cuya mayoría no son de la Nación.

Pero igual de importante que todo lo anterior es seguir invirtiendo en educación. Si por algo Cali deberá recordar a Armitage, es porque se la jugó por el sector: 3,5 billones de pesos en remodelación de sedes, nuevos colegios y centros de atención a la primera infancia, entre otras. Una posta que no dudo el nuevo alcalde recogerá y engrandecerá, pues su compromiso con la educación fue evidente durante su primera administración.

Señalé al inicio, que en estos años Cali recuperó su orgullo y la confianza en lo público, y aprendió a trabajar unida. Estos, por encima de todo, son el principal legado que hoy recibe Ospina. En Cali no se volvió a hablar de corrupción, regresaron profesionales de la más alta calidad a jugársela por la ciudad, y han trabajado juntos los sectores público y privado, y los distintos estamentos sociales, sin odios, prevenciones ni resentimientos.

Es decir, pese a los enormes desafíos, Cali pasa por un buen momento. No es la ciudad gris que encontró Ospina hace doce años ni la que entregó mejorada en varios frentes, hace ocho. Es otra ciudad: pujante, atractiva a la inversión, y respetada a nivel nacional. Y están dadas las condiciones para ser la ciudad ejemplo de Colombia, en todo sentido. En tal propósito el alcalde no estará solo si hace equipo con todas las fuerzas vivas. Es uniendo y no dividiendo, que Cali sigue latiendo. Éxito alcalde, en esta nueva travesía.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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