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Lecciones de un año viejo

Enero 03, 2021 - 06:50 a. m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Confundimos el fin de año con el de la pandemia y el de todos los males que trajo consigo. El 2020 quedó atrás en el calendario, pero el covid sigue, a pesar de la negación colectiva. Negación comprensible, pues estamos hartos del virus y de su impacto en cascada. Por eso el inicio de un nuevo año es útil; tiene un efecto placebo que apreciamos, y se presta para hacer un alto y procurar extraer lecciones de un año sin antecedentes en la historia.

Primera lección: la fragilidad de la vida. La muerte es ineluctable, pero a veces actuamos como si no lo fuera. Nos hemos acostumbrado a una relativa predecibilidad de la misma. Por eso, el fallecimiento súbito, diario y masivo, por cuenta de un virus silencioso, nos atemoriza. Una lotería; a unos les da y a otros no, unos mueren y otros sobreviven. Y en muchos casos no vale tener buena salud y no importa la edad. Se lleva al que le place.

Segunda lección: el valor de lo simple y lo importante. De la noche a la mañana muchos perdieron el empleo y su medio de subsistencia, otros vieron desvanecer el trabajo de años. La vida de todos se vio afectada, obligándonos a vivir de una manera más sencilla y a apreciar lo que más importa, empezando por la salud. De ahí la necesidad de valorar lo que se tiene, sea mucho o poco. Y ser agradecidos, pues todo es tan relativo y efímero.

Tercera lección: el precio de la libertad. Si bien en Colombia la apreciamos por la saga de secuestros y violencia que por décadas la ha restringido, el Covid-19 nos llevó a valorar otras facetas de la misma que damos por hecho y que fueron limitadas, como salir de la casa cuando queremos, ir al cine o a un restaurante, sin pedir permiso.
Experimentamos los riesgos de un Estado invasor de la órbita privada, aunque por salud fue necesario.

Cuarta lección: la necesidad del verde. El encierro nos llevó a valorar más la naturaleza. A salir de las ciudades y volver al campo de tener la opción, a buscar un parque, caminar al aire libre, a contemplar el mar, la llanura y las montañas, a extasiarse con un atardecer. Nos recordó que la naturaleza es sabia pero vulnerable, que nuestro planeta es hermoso y que hemos abusado de él; que debemos disfrutarlo más y, sobre todo, cuidarlo más.

Quinta lección y la más importante: la pandemia nos recordó no solo que la vida es finita, a valorar lo simple, que la libertad es frágil y que el verde es esencial, sino, que la familia y los amigos son lo más preciado que tenemos. Pese a las restricciones y las molestias asociadas al encierro, el virus fue una bofetada que nos hizo entender que lo más valioso son las personas que queremos, y que sin ellos nuestra existencia carecería de sentido.

Sexta lección: sí se puede. También nos demostró el 2020, la capacidad de las naciones y de sus ciudadanos, con los gobiernos a la cabeza, de solidaridad global y resiliencia. La adversidad por dura que sea no viene sola, suele ir acompañada de una dosis de sensatez y de estamina para no dejarse doblegar. Se aprecia en el esfuerzo por crear una vacuna y en la determinación de millones de personas que lo perdieron todo, o a un ser querido.

Séptima lección, en proceso de aprendizaje: el virus no se ha ido. El tránsito a la pseudo-normalidad ha tenido un efecto nefasto: reforzó la tendencia natural a olvidar lo malo y en particular, que el covid sigue haciendo estragos. El inicio de la vacunación pareciese haber anestesiado el nivel de alerta requerido frente a la pandemia. Es fácil predicar y difícil actuar, más cuando estamos hastiados del virus y aburridos con las restricciones, pero si no lo tratamos con respeto y nos cuidamos, estas y otras lecciones poco servirán.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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