La marcha

La marcha

Julio 28, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Todos a marchar, pareció ser la consigna el viernes, independiente de la razón por la cual cada quien marchaba. Unos lo hicieron en protesta por los asesinatos de líderes sociales, otros en defensa del proceso de paz, del derecho a pensar y a ser diferente sin ser un objetivo criminal. En contra de la violencia como medio de saldar diferencias. Hombres y mujeres, sin distingo alguno, unieron su voz en un solo grito de indignación.

Transcurrida la marcha es deber ahondar en los factores que explican los asesinatos. Según la Defensoría del Pueblo, la mayoría están relacionados con una guerra entre organizaciones criminales por el control del territorio ocupado antes por las Farc, es decir, por los cultivos de coca, el tráfico de drogas, la extracción ilícita de minerales, el contrabando, y la propiedad de la tierra. Actividades que crecieron en los últimos años.

Es así que la disidencia de las Farc -que infortunadamente es mayor a la que se cree-, el ELN -repotenciado por un proceso de paz forzado, sin pies ni cabeza-, el EPL, el Clan del Golfo y bandas criminales regionales, en su objetivo de expandir su actividad ilícita, se disputan a muerte territorios y corredores fluviales en Chocó, Cauca, Valle, Nariño, Bajo Cauca, algunas regiones del Caribe y del oriente del país, llevándose lo que se atraviese.

En ese fuego cruzado y deliberado han caído personas inocentes -ejerzan o no liderazgo en sus comunidades- y otras, que participan abierta o soterradamente de la ilegalidad. Es decir, no todos los asesinados son líderes sociales y en los casos de los que lo son, no todas sus muertes están relacionadas con el rol que desempeñan en su comunidad. Es más, según la Fiscalía, 35% de los asesinatos obedecerían a asuntos de índole personal.

Lo anterior, no para minimizar ni justificar ningún asesinato, sino para entender mejor. Tan absurdo es negar la gravedad de los homicidios de cientos de líderes sociales en los últimos tres años como llamar a todas las personas asesinadas líder social o señalar que murieron por cumplir una labor comunitaria que a alguien incomodaba. Rotularlo así, empaña la importancia del líder social y encubre a los del submundo de la criminalidad.

Tampoco ayuda la politización de los hechos. No nos digamos mentiras: desde el inicio de este gobierno hay quienes se han empeñado en hacerle creer al país y al mundo que todos los asesinatos son de líderes sociales y están relacionados de alguna manera con la posición del ejecutivo sobre el proceso de paz con las Farc, la no reanudación de los diálogos con el ELN y la decisión de volver a utilizar glifosato en la erradicación de la coca.

Es decir, sin desconocer la gravedad de los hechos, pues es cierto que están asesinando a personas que ejercen un liderazgo importante en sus comunidades, también es cierto que hay quienes están utilizando lo ocurrido como caballo de batalla contra el gobierno y qué mejor que crearle, poco a poco, un Inri a nivel internacional en derechos humanos. Independiente de los aciertos y desaciertos en este frente, en el primer año de mandato.

Es deber de las autoridades garantizar la vida a todos los ciudadanos. El asesinato de cualquier persona, independiente de si es o no un líder, merece rechazo. Es la vida y el derecho a pensar distinto, ambos sagrados, lo que está de por medio. En tal sentido, la marcha del viernes cobra todo el valor y significado, más allá de si a los violentos les importa, que no creo. Pero debemos tener claro que no todos marcharon por lo mismo, lo cual es válido, siempre y cuando entendamos bien lo que pasa y no seamos ingenuos.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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