Escuchar este artículo

La culpa no es de la vaca

Abril 08, 2018 - 06:50 a. m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Lo que faltaba: impuestos a la carne para desincentivar el consumo de ganado vacuno y disminuir así los Gases de Efecto Invernadero -GEI-. La iniciativa no es nueva pero en diciembre cobró fuerza en algunos países luego de que los medios, especialmente en Europa, replicaran un estudio en el que se reitera lo que ya se sabía: que las vacas son grandes aportantes de metano, es decir, son co-responsables del cambio climático.

El estudio en referencia, de la Farm Animal Investment Risk and Return -Fairr- señala que el ganado vacuno y ovino es de los mayores contribuyentes de GEI (26.61 y 25.58 Kilogramos de C02-equivalente por kilo) mientras el cerdo, el pollo y el pescado sólo producen una cuarta parte o menos del mismo (5.77, 3.65 y 3.49 Kg de C02-eq/kg). Es decir, las vacas y las ovejas son, junto con los humanos, depredadores ambientales.

Similar al tabaco, el azúcar y los combustibles fósiles, hace carrera entonces gravar el consumo de algunas carnes, en especial en Dinamarca, Alemania y Suecia. Claramente la idea la lideran países con altos estándares de vida que durante siglos consumieran carne sin recato -como lo hicieron con el tabaco y los combustibles fósiles- y esperan que otros no cometan ‘el error’ que ellos cometieron y ayuden a salvar el planeta.

En Colombia el consumo al año por habitante de pollo es de 31 kilos, de res 18.6 kilos, cerdo 8.6 kilos y de pescado 6.7 kilos. Es decir, la carne de res no es la principal fuente de proteína animal en el país. No demora sin embargo quien proponga gravar la carne de res -al estilo europeo- o que un alcalde prohíba por consulta popular la ganadería dado que las vacas producen, quien lo creyera, más GEI que la industria petrolera.

El cambio climático es real y es deber de todos evitar que empeore. Lo infortunado de la discusión es que con frecuencia se termina simplificando en razón de las ideologías y de los intereses. La solución no es gravar la carne de res, que los ricos podrán seguir pagando y no los pobres. El lío es que somos muchos en el planeta y al paso que vamos por más que acabemos con las vacas y con el petróleo el cambio climático continuará.

Somos siete mil millones de habitantes y se esperan dos mil más para el 2050. Seres humanos que demandarán más energía y alimentos y que esperan una calidad de vida similar a la de las actuales generaciones. Lo complejo del asunto es que el crecimiento económico está basado, en parte, en el crecimiento poblacional. No es el único factor pues la tecnología, la educación y la inversión en capital son claves, pero es relevante.

Es decir, el tema es más de fondo pues tiene que ver con la calidad de vida alcanzada y esperada a futuro, la oferta y demanda de bienes y servicios y los hábitos de consumo. Y un tema espinoso, difícil de abordar por su sensibilidad cultural, política y religiosa: el crecimiento demográfico, incentivado por las mejores condiciones de vida de los últimos doscientos años. ¡De 978 millones en 1800 pasamos a 7.3 billones en 2015!

Nuestra evolución como especie está ligada a la carne. Por perseguir animales fue que nos pusimos de pie, sino, seguiríamos por el suelo como el chimpancé. Y el desarrollo de nuestro cerebro, comparado con el de otras especies, se debe a la proteína animal. Fuimos carnívoros aunque ya seamos omnívoros -comemos carne, frutas y vegetales-. En conclusión, no es un asunto sencillo pero entendamos que la culpa no es de la vaca.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS