Indisoluble

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Noviembre 11, 2018 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

La seguridad del Valle del Cauca pasa por Cali y la de Cali pasa por la del Valle del Cauca. Por eso lo lógico sería que la gobernadora Dilian Francisca Toro y el alcalde Maurice Armitage trabajaran coordinados, en el marco de sus funciones y su jurisdicción, en vez de estar distanciados. Más cuando al Valle le ha ido relativamente mejor en seguridad en lo corrido del 2018 y Cali presenta desde hace años una tendencia de homicidios a la baja.

En 2017 se registraron 942 homicidios en el Valle del Cauca sin incluir Cali, 70 casos más que en 2016: un aumento del 8,2 %. Lo anterior pese a una disminución importante en Buenaventura, del 68 %. Este año la situación pareciera ser diferente; de acuerdo con la Gobernadora, los homicidios registran una caída de 14 %, que se explicaría en parte por una reducción de este delito en Palmira (de una tasa de 66 a 45 por 100 mil habitantes).

El caso de Cali es distinto. La ciudad lleva cinco años consecutivos con una tendencia a la baja en homicidios, combinación de medidas preventivas y de policía bajo las alcaldías de Rodrigo Guerrero y Maurice Armitage. El año pasado este delito tuvo una reducción del 5,4 % y en septiembre se registró la menor tasa de homicidios en los últimos 25 años. Una gran noticia que no concuerda con las voces de alarma sobre seguridad en la ciudad.

Pero la seguridad del Valle y Cali están ligadas. Lo que pasa en materia de criminalidad en el departamento impacta a la ciudad y lo que pasa en la ciudad afecta al departamento. El crimen, al menos algunos delitos, no reconoce fronteras y divisiones administrativas; se mueve entre estas como pez en el agua para planear y ejecutar el delito o mimetizarse una vez cometido, fruto de un análisis consciente o no de los riesgos y sus beneficios.

Y es así porque algunos delitos migran -se le conoce como efecto globo, pues se aprieta un lado y crece el otro- pero los hay espontáneos, propios de una circunstancia de tiempo y lugar (el robo aislado de una bicicleta). Otros son premeditados, pero su consumación depende de factores exógenos (el hurto de un celular en un cruce vial si las condiciones lo facilitan), y los hay también organizados (un ajuste de cuentas de narcos o pandillas).

En el Valle y en Cali hay de todo. El hurto a personas es el de mayor ocurrencia, aunque de menor registro; el homicidio no es comparativamente el que más se presenta, pero tratándose de la vida, causa consternación y se le hace mejor seguimiento. Lo triste de nuestra región es que, aunque la tasa de homicidio ha disminuido -en especial en Cali en los últimos 15 años-, son altas, en parte por una criminalidad organizada a nivel regional.

Ejemplos de ello, las 22 estructuras dedicadas al homicidio que la policía desarticuló en Cali a inicios de año, el triple asesinato en el municipio de Bolívar en el norte del Valle, las muertes en Buenaventura resultado de retaliaciones entre las bandas ‘La Empresa’ y ‘La Local’, y los 50 homicidios el año pasado en Ansermanuevo por un reacomodo en la banda ‘Los Flacos’, una vez capturado su jefe, quien era parte de un grupo paramilitar.

Conclusión. Es positiva la disminución de los homicidios en el Valle y en Cali en lo corrido del año, en especial la tendencia histórica a la baja en la ciudad capital; la seguridad de Cali y el Valle están indisolublemente ligadas, por los tentáculos del crimen organizado; y, si la Gobernadora y el Alcalde trabajan juntos, de manera estratégica, optimizando las capacidades y recursos de sus gobiernos y los de las autoridades militares y de Policía, sin pensar en los aplausos y réditos políticos, a la seguridad en Cali y el Valle le iría mejor.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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