El caso de Coronell

El caso de Coronell

Junio 02, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Daniel Coronell tiene derecho a escribir lo que quiera, incluso a cuestionar la ética del director del medio para el que escribe. Pero dado que lo hizo en la revista que cuestiona, ha debido ser consecuente y en la misma columna renunciar a seguirla escribiendo. No lo hizo. Le tocó a la revista Semana hacerlo por él: recordarle que ni él está obligado a escribir en un medio cuya ética periodística no comparte, ni el medio a tenerlo a él.

No hubo censura a Coronell, como lo señalan muchos columnistas de diferentes medios, de manera apresurada. La columna fue publicada sin agregarle ni quitarle una coma. Es más, el mismo columnista señala en el escrito de la polémica, que jamás, en 14 años, “le han pedido matizar una opinión u omitir una publicación”. Prueba de ello: escribió lo que quiso y se lo publicaron, independiente de si la revista comparte o no lo que señala.

Pero así como Coronell escribió lo que quiso, Semana está en su derecho de tenerlo o no de columnista. Si el periodista considera que las explicaciones dadas por el director (que no tenía por qué darlas) a él y a los medios “resultan insuficientes” ha debido irse. Lo que no podía pretender el columnista es, insultar sutilmente al director, decirle que es un vendido al gobierno, que carece de ética profesional, y seguir ahí, como si nada.

Corresponde al director de un medio definir qué se pública y qué no, para lo cual sopesa la pertinencia de la nota periodística, si cuenta con la información y fuentes necesarias, y si es oportuna su publicación. Y cada director es distinto; los hay más y menos osados, más y menos rigurosos, y más y menos responsables. Y aciertan y se equivocan. Pero de ahí a cuestionar la ética de un director porque no procedió como uno quisiera, tampoco.

Razón tuvo Alejandro Santos en no publicar de manera precipitada un informe sobre si las Fuerzas Militares deben o no llevar registro de bajas de los enemigos y si deben ser parte de la evaluación del desempeño militar. Es un tema delicado, relacionado con la seguridad y que requería la mayor responsabilidad. Por eso, es comprensible lo dicho por el director de la revista: debían contrastar fuentes y tener rigor en la investigación.

Daniel Coronell es un periodista acucioso y ha contribuido a destapar ollas podridas. Pero se le fue la mano. Y se le fue la mano porque confundió -no de ahora, desde hace años- ser columnista con ser protagonista, y los intereses del país con sus obsesiones y odios personales y políticos. Y le pudo la soberbia, ese pecado capital que habita en tantos columnistas y periodistas, que se creen dueños de la verdad y de la moral pública.

Se le fue la mano, además, al indicar que la revista no publicó un informe sobre el tema, por no chocar con el Gobierno Duque. Por favor, a la revista Semana se le pueden decir muchas cosas -pues se puede o no estar de acuerdo con sus artículos y su enfoque-, pero no creo haya dejado de publicar algo para congraciarse con el actual gobierno. Es más, ha sido crítico del mismo, con su particular estilo. Basta ver las portadas del último año.

Daniel Coronell no fue censurado, dijo lo que quiso y se lo publicaron. Pero tampoco podía pretender continuar escribiendo en un medio cuya ética pone en tela de juicio. Lo que ha debido hacer -si es una persona éticamente consecuente- era renunciar y no lo hizo. Y como no lo hizo, Semana lo hizo por él. Ningún columnista tiene por qué escribir en un medio de comunicación al que cuestiona, y ningún medio tiene por qué tener en su casa a un columnista que cuestiona la ética de su director, que es la ética del medio.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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