Cambian o se acaban

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Cambian o se acaban

Julio 14, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Lánguida y poco efectiva la protesta de taxistas en días pasados. En Bogotá se esperaba que salieran a la calle unos 18.000 carros, lo hicieron 2.000. En Cali, como es costumbre, obstaculizaron varias vías, generando rechazo en lugar de apoyo ciudadano. Pareciera que algunos taxistas no han entendido que el transporte público individual de pasajeros cambió radicalmente y que no tiene sentido luchar más contra las plataformas digitales.

El transporte público en Colombia fue reglamentado por ley hace más 25 años, cuando no existían celulares ni aplicaciones. Se estableció entonces, que debía ser prestado por empresas autorizadas para tal fin, con mil requisitos para el ingreso y reposición de los vehículos y valores absurdos por cupo, lo que se ha prestado para intrigas y corrupción. Un modelo regulado en exceso, manejado por unos pocos, a espaldas del libre mercado.

La revolución digital ha impuesto un modelo basado en el cliente y la libertad de oferta. Se demanda un servicio a través de una aplicación, se recibe una oferta con un valor que se toma o se deja, con opción de escoger si el vehículo es especial o corriente, exclusivo o compartido, pagando en efectivo o con cargo a una tarjeta de crédito ya registrada. Un servicio seguro y por lo general confiable, con plataformas sin barreras geográficas.

Esto que hoy es usual cambió el transporte público individual de pasajeros de vehículos taxi en el mundo entero. Se estima en 3 millones el número de conductores que utilizan la plataforma Uber en 600 ciudades. Sólo en Colombia hay siete aplicaciones, utilizadas por conductores de vehículos particulares y cada vez más, por los propios taxistas. Y es así porque las aplicaciones los conectan con la demanda en vez de buscarla en la calle.

Tienen razón los taxistas en estar inquietos pues de la noche a la mañana les surgió una competencia feroz. Como les pasó a las agencias de turismo, al comercio y a los medios de comunicación: la era digital les cambio el modelo de negocio. Y es cuestión de tiempo para que a la banca, la salud y la educación, entre otras actividades, les ocurra lo mismo. Negar y oponerse a esa realidad avasallante, es pretender tapar el sol con las dos manos.

En el caso del transporte público individual de pasajeros, la regulación quedó obsoleta, dejando a los gobiernos y a las autoridades de tránsito en el dilema de aplicar una ley a rajatabla o hacerse los de la vista gorda. Mientras tanto, nadie le pone el cascabel al gato. Unos, porque no quieren echarse encima a los taxistas; otros, a los miles de usuarios de vehículos particulares que utilizan un servicio ‘no autorizado’ a través de aplicaciones.

¿Debe prohibirse a un particular transportar en su carro a otro particular, a cambio de un precio, si consienten en hacerlo? ¿Es sensato proscribir las aplicaciones en materia de movilidad? ¿Es realista inmovilizar todos los vehículos particulares que ofrecen este servicio por no estar autorizado? ¿Cómo garantizarle al usuario que quien lo transporta es un conductor idóneo? ¿Por qué miles de personas prefieren Uber en lugar de un taxi?

La movilidad, en especial en las grandes ciudades, está en permanente transformación, en función de las necesidades del ciudadano, independiente del lugar o condición social. Las gualas en los barrios de ladera, los moto-ratones, los bici-taxis y ahora, las patinetas, legales o ilegales, ahí están, como Uber, desbordando las normas existentes. Ojalá los taxistas lo entiendan y se lidere una ley acorde con la realidad y las nuevas tecnologías. Y ante todo, que los tomadores de decisión piensen en el usuario y en el interés general.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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