¿Atajo verde?

¿Atajo verde?

Abril 14, 2019 - 06:50 a.m. Por: Francisco José Lloreda Mera

Antanas Mockus es un referente de rectitud en el ejercicio público. A lo largo de los años se ha manifestado con contundencia en contra de la cultura del atajo, en el marco de una pedagogía ciudadana y política sobre ley, moral y cultura. Se ha ganado el respeto de muchos colombianos -me incluyo-; muchos quienes votaron por él al Senado. Ahora el Consejo de Estado anula su elección: estaba inhabilitado por contratar con el Estado.

¡Ahí fue Troya! Diversas reacciones: unas acatando el fallo y otras cuestionando que le quiten la curul a Mockus -como si estuviese por encima de la ley-. Mientras el profesor dijo, con gran talante, que respetaba la decisión, aunque actuó de buena fe, otros, como Jorge Iván Ospina, se rasgaron las vestiduras y fustigaron a quienes interpusieron la demanda; él, investigado hasta los tuétanos y con rabo de paja, nuevo adalid de la moral.

Pero más allá de las reacciones y de lo lamentable que es perder en el Congreso a un político como Mockus, es pertinente recordar lo sucedido hace un año en las elecciones. En marzo 2018, elegido senador con la segunda más alta votación (530 mil votos), los medios sin excepción titulaban sobre la supuesta inhabilidad, por ser el representante legal de Corpovisionarios, quien celebró dos contratos con el Estado en el año anterior.

Pero el debate de la inhabilidad empezó antes. Desde agosto de 2017, cuando se conoció que Mockus estaría ad portas de encabezar la lista al Senado de los Verdes, pues estaban buscando una ‘figura de talla presidencial’ que la jalonara (dado que Claudia López y Jorge Enrique Robledo serían candidatos presidenciales) surgió la inquietud de si la corporación del profesor tendría contratos con el Estado, y si estaría o no inhabilitado.

Independiente del efecto del fallo y de si el Partido Verde pierde la curul, la pregunta de fondo es si, ante la duda de estar inhabilitado, Mockus ha debido aceptar ser candidato. Era evidente que, de encabezar la lista, catapultaría la votación del partido como en efecto ocurrió: de cinco curules pasó a tener diez. Surge la duda de si ha debido aceptar, más tratándose de una persona que ha dedicado su vida a combatir la cultura del atajo.

“He visto en la cultura colombiana mucha recursividad, capacidad para salir adelante; el colombiano no se vara y para no vararse hace cosas un poco en el límite”; “Hay mucha cultura del atajo, que es, cómo lograr los resultados rápido, a veces chambonamente y con consecuencias preocupantes”; “No manejemos leyes admirables y al mismo tiempo prácticas muy por debajo de lo que la ley define”, ha señalado una y otra vez el profesor.

Sugerir que ante la duda de estar inhabilitado, Mockus no ha debido aceptar encabezar la lista del Partido Verde, es controversial, porque no existía ni existe aún unanimidad sobre la inhabilidad. El Consejo Nacional Electoral se pronunció hace poco indicando que los convenios no le generaban ninguna inhabilidad y ahora el Consejo de Estado señala que sí. Es decir, hay razones para defender, o no, su decisión de liderar la lista.

No dudo de la honorabilidad de Mockus y de que en su fuero interno actuó con la firme convicción de proceder bajo la ley. Pero no es claro si ocurrió igual con quienes vieron en él la tabla de salvación del Partido Verde. Quedan muchas dudas, por ejemplo, si por conveniencia electoral le restaron importancia a la posible inhabilidad y convencieron al profesor de que no había problema. Si a conciencia fueron hasta límite que tanto cuestionan: el de la cultura del atajo, el del todo vale, y el del fin justifica los medios.

Sigue en Twitter @FcoLloreda

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