Trump

Trump

Septiembre 14, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

‘Miedo’. Es el título del libro del periodista Bob Woodward sobre el presidente Trump en la Casa Blanca. Un tema que ya ha sido tratado en otros libros y casi diariamente en los medios de comunicación. ¡Y un asunto que le concierne no solo a los ciudadanos estadounidenses sino al mundo entero, sobra decirlo, a Colombia tan cercana a ese país y a ese gobierno, política comercial, militar, financiera y culturalmente!

El tema de la expansión descomunal de los cultivos de coca y amapola no es sino una de tantas dimensiones de esta compleja relación bilateral. En esta semana se posesionaron Francisco Santos y Alejandro Ordóñez como representantes diplomáticos de Colombia en Washington. Y, también, el presidente Trump envió un memorando al Departamento de Estado, en el que reitera su preocupación por lo que está ocurriendo con los cultivos de coca y amapola. Y, así mismo, se anuncia un acuerdo con respecto a la presión diplomática sobre Venezuela y se recuerda la actitud de Estados Unidos cuando condicionó al programa de chatarrización su voto favorable al ingreso formal de Colombia a la Ocde. Y, repito, todo esto y, seguramente, mucho más en una semana. Ah, y el anuncio de la visita de Trump a Colombia al final del mes de noviembre. Sin aludir a la visita del canciller Holmes a Washington.
Apenas indispensable comprender la personalidad de Trump y su manera de gobernar. Eso es lo que revela principalmente este libro. Si entendí bien, luego de leer 30 capítulos, Trump es una persona con ‘fijaciones’, o sea con algunos temas que lo obsesionan y con respecto a los cuales tiene sus propias respuestas: el libre comercio (no lo comparte); el Muro para la frontera con México; las migraciones; la fabricación de automóviles en Estados Unidos; las organizaciones multilaterales (Otan, OMC, OEA, etc.); el Acuerdo de París para proteger el Planeta; el sistema de salud; el papel militar de Estados Unidos; Rusia, Afganistán, las Coreas, los medios, y no lo olvidemos, quién debe pagar la cuenta en asuntos de seguridad. Ojo.

Esto quiere decir que cuando sus ministros o asesores le hablan de estos asuntos realmente no los escucha. Y de allí, todo tipo de estrategias para persuadirlo sobre una manera diferente de enfocarlos, que van desde reuniones, memorandos de una página, solicitudes angustiosas para que no firme una decisión hasta la tarea de quitar del escritorio un documento ya elaborado por un funcionario que lo interpreta, para que no lo suscriba y, ojalá, lo olvide. Y, en consecuencia, confrontaciones, grupos de funcionarios enfrentados (globalistas versus antiglobalistas), y las frecuentes renuncias o destituciones.

“Si estás en desacuerdo conmigo, estás equivocado”, les dice Trump a sus asesores. Es obsesivamente independiente pero esta actitud sería digna de mejor causa. No tiene sentido del Estado. Es desconfiado. Se desilusiona de sus colaboradores a quienes, entonces, trata con desprecio.

Los escándalos, particularmente, los que se relacionan con Rusia han sido un factor de distracción, a tal punto que uno de los funcionarios más influyentes, Rob Porter, habría dicho “En algunos momentos era casi la incapacidad del Presidente para ser Presidente” (p.270).

Desafiante tarea la de calibrar su actitud frente a Colombia. Van dos advertencias fuertes sobre una eventual descertificación. Miedo. Es que Trump cree que generar miedo es lo que constituye el poder real.

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