Sorprendente

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Noviembre 23, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

El nuevo Presidente mexicano le dio la mayor importancia durante su campaña a la lucha anticorrupción. Llegó a decir que la manera como funcionaba el gobierno era la corrupción. Tremendo. Por ello es tan sorprendente que ahora proponga una amnistía para los corruptos, exceptuando aquellos que ya tienen un proceso en su contra.

¿Cómo justifica semejante iniciativa? Pues aclara que él no abriga sentimientos de venganza. Y que es mejor entrar en una etapa de borrón y cuenta nueva. ¿Pero tiene el poder legal?

Se entiende que es tanta la corrupción y de tales dimensiones, que entrar a perseguirla en serio desataría una situación de consternación social y política que podría absorber las energías del sistema político y social. No es que renuncie a perseguirla. Es que no quiere que su gobierno se empantane y que se desate un juego de vendetas.

Se diría que la impunidad ha imperado hasta ahora, en buena parte; que no es nada nuevo. Ahora tendría otro nombre: ¡Amnistía! Jamás había leído algo parecido. Y uno se pregunta si bastaría fijar una fecha y el olvido lo taparía todo. ¿Acaso sin una confesión previa? ¿Sin devolver la totalidad del dinero y los bienes escamoteados?

Algunos dirían que si se le otorga un tratamiento similar a delitos propios de un conflicto armado, que son peores y que causaron muchísimo más daño, entonces no habría espacio para rasgarse las vestiduras.

Varias organizaciones sociales han descalificado esta propuesta inusitada. Estaremos pendientes de la evolución de esta iniciativa y, si se pone en marcha, de sus resultados.

Y, al mismo tiempo, hay que estar atentos a las propuestas del nuevo Presidente del Brasil. ¿Se atreverá a proponer una solución tan sorprendente? ¿Le echará tierra para siempre a Odebrecht y otros comportamientos similares?

Estamos hablando del pasado de la corrupción ¿Y la que está en gestación? los cincuenta puntos que propone como estrategia anticorrupción el nuevo Presidente mexicano ¿serán eficaces? No lo creo. ¿Y, entonces, otra amnistía? ¿Hasta cuándo?

Es que estamos viviendo en América Latina y otras partes del mundo casos alarmantes de corrupción, ya transformada en crimen organizado, que ha distorsionado gravemente el funcionamiento de la democracia y la formulación de políticas públicas.

En Perú, cinco expresidentes están judicializados: Alejandro Toledo, Alan García, Alberto Fujimori, Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski. En Centro América no es menos grave. En Venezuela ya se habla de una ‘kleptocracia’. Y en algunos casos, también quedan incluidos familiares cercanos, esposas, hijos, hijas…

Y en Colombia hemos vivido la dolorosa deformación, por decir lo mínimo, de los programas de alimentación para los niños, de diversos servicios del sistema de salud, la crisis de los programas de construcción de carreteras y puentes, los juegos de Ibagué y otros y no mencionemos la administración de justicia, ni los procesos electorales… Y, quién lo creyera, una institución como la Universidad Autónoma de Barranquilla, repite ahora la dosis de un escandaloso saqueo de sus recursos. No olvidemos el episodio deplorable de hace varios años cuando en un evento deportivo los estudiantes rendían homenaje a la rectora que estaba siendo judicializada.

Somos democracias amenazadas, y de qué manera, por una corrupción organizada. Un desafío de alta peligrosidad que se va consolidando, echando raíces y proliferando.

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