Paraguay

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Paraguay

Noviembre 08, 2019 - 11:50 p. m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Tarde -muy tarde- visité Paraguay. Aparte del trato particularmente amable, me interesó corroborar cómo colombianos y paraguayos compartíamos nacionalidades. Es algo que allá y aquí se dice pero no encuentra sustento en documento alguno relevante.

Parece que forma parte de una leyenda común. Pero se traduce en deferencia notoria hacia los colombianos. Así se rememora y agradece el gesto de Colombia en favor de los paraguayos ante las fatales consecuencias de la Guerra de la Triple Alianza (Brasil, Argentina, Uruguay), 1865-1870. El aprecio en todos los niveles y sectores hacia Colombia no se oculta.

Laureano Gómez fue enviado especial para la posesión presidencial de Eligio Ayala en Agosto de 1924. La Federación de Estudiantes organizó una manifestación en su honor.

Laureano Gómez se expresó así: “En Paraguay existe, como no lo hay con igual espontaneidad en otro país de América, un verdadero culto por Colombia, sincera admiración por sus glorias y viva gratitud por el gesto de nuestro Congreso cuando la guerra del Paraguay.” Y José Camacho Carreño, ministro plenipotenciario de Colombia en Paraguay (1932), al presentar sus cartas credenciales dijo: “En Paraguay se mira a Colombia de manera muy sentimental y tienen por nosotros una idea romántica y cariñosa que despierta inmensa devoción y respeto”.

Convendría amplia reflexión que nos permitiera profundizar nuestras relaciones de todo orden con Paraguay y viceversa. Me cuesta trabajo concluir que no hay atractivas oportunidades. Cuentan que el vallenato y la cumbia ya se han instalado. Y los cafés Juan Valdez prosperan. Se habla muy bien de su sistema de salud. Y los importantes recursos que genera el sector eléctrico pronto se incrementarán.

Tiene sentido que un recuerdo histórico tan bien valorado se traduzca en fecunda relación bilateral.

Otro tema llamó mi atención, gracias a la lectura del libro del exembajador del Paraguay en Colombia, Ricardo Scavone, que estudia nuestras relaciones diplomáticas (entre 1846-1963), del cual he tomado buena parte de los datos para esta columna.

Se trata del incidente resultante del levantamiento de algunos oficiales contra la Junta Militar. El coronel Hernando Forero, el teniente Cendales y otros apresaron a cuatro de los cinco miembros de la Junta y al candidato a la Presidencia Alberto Lleras. Frustrados en su intento se asilaron en varias Embajadas (El Salvador, Perú, Guatemala) y en la del Paraguay.

Colombia no accedía a otorgar el asilo porque invocaba la doctrina López de Meza que negaba este derecho a militares insubordinados. Ello para favorecer las democracias en tiempos de dictaduras.

El embajador paraguayo en Bogotá, Guillermo Enciso, tenía las mejores credenciales. Había sido Ministro de varias carteras importantes y venía de ser embajador en Washington. Defendía el derecho del país asilante de calificar el caso. Surgió un desacuerdo en un tema muy caro para el gobierno colombiano.

Luego de muchas idas y venidas, el gobierno de Alberto Lleras (1958), víctima de esta insubordinación, ordenó conceder el asilo. Y, un tiempo después, el Comité Jurídico Interamericano, que había sido consultado por el gobierno colombiano, opinó en contra de la doctrina colombiana al reiterar que “resultaba lícito el asilo a militares, en las mismas condiciones que para civiles”. El desacuerdo se superó en los mejores términos y en nada afectó esta apreciable relación.

Excelente que se escriban libros que nos permitan reconstruir nuestras relaciones internacionales.

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