Indignarse

Febrero 20, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-20 Por: Fernando Cepeda Ulloa

Armas y Política. Inaceptable. Intolerable. Inimaginable. Inconcebible. Lo ocurrido en El Conejo es la negación (no la violación) de lo que constituye la esencia del proceso de paz. El presidente Santos, el equipo negociador y la sociedad tienen razón de sobra para indignarse. Es que llevamos más de cinco años en una conversación con las Farc que tiene como única razón de ser que no hagan política con armas. Eso quedó clarísimo en el discurso de Humberto de la Calle en Oslo, cuando se inició la parte pública de este proceso. Se trataba de que las Farc dejaran de ser una fuerza política armada para convertirse en una fuerza política desarmada. O sea, romper para siempre el vínculo nefasto entre política y violencia; entre política y armas; entre política y eliminación violenta de los enemigos.De lo que se trata es de hacer el tránsito a la vida política civilizada, y ésta se concibe en todas partes del mundo como un ejercicio de tramitación de controversias y desacuerdos sin barbarie, sin intimidación. En política hay adversarios, hay contradictores pero no enemigos que hay que descabezar. En el quehacer político se utilizan los lápices, los bolígrafos, las redes sociales, los medios convencionales de comunicación, la retórica, pero jamás los fusiles ni los revólveres, ni las granadas, ni las ametralladoras, etc. Una cosa es la guerra y otra la política. Ésta es la expresión más noble del comportamiento de los ciudadanos para tramitar sus desavenencias, sus ambiciones de poder.Observar una situación en la cual hay ciudadanos desarmados y una organización que pretende persuadirlos, así sea de un nobilísimo propósito de paz, pero donde los lápices y las ideas quedan aplastados por la presencia intimidante de un armamento moderno o convencional o precario, es la negación brutal, bárbara, salvaje, de lo que es un encuentro político. Política y armas son incompatibles. Repito, ésta es la esencia de estas conversaciones que ya llevan más de cinco años.Que los comandantes que tienen la responsabilidad de estas conversaciones presidan una reunión para dirigirse a los ciudadanos desarmados, pero con una fuerza de guerrilleros uniformados y armados que reparten folletos, es el desconocimiento abierto, consciente de la esencia de la negociación de lo que sería un acuerdo para la terminación del conflicto.Que esto haya ocurrido cuando estas conversaciones, así se proclama, ojalá así sea, están a punto de culminar, es aún más indignante. Es que fue la plana mayor de las Farc la que presidió el acto, la que le puso la firma a este evento que niega la esencia misma de lo que sería el acuerdo final para la terminación del conflicto.Ni de un lado ni del otro se cree que el 23 de marzo se podrá suscribir este Acuerdo. Pero me atrevería a decir que en buena hora ha ocurrido este hecho deplorable, porque así el Gobierno, con el apoyo de una sociedad indignada, tiene toda la autoridad para establecer parámetros que luego el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas tendrá que implementar sin contemplaciones, sin concesiones. Las Farc han cometido el acto que se habría podido decir que era el más contraproducente imaginable. Insisto, el que niega la esencia del acuerdo con la presencia de quienes están en la mesa de conversaciones.

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