¿Guerra?

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¿Guerra?

Marzo 20, 2020 - 11:50 p. m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Guerra, dice el presidente Macron… contra un enemigo invisible. Guerra… el presidente Trump repite lo mismo.

Bill Gates, el genio de nuestro tiempo, supermultimillonario y, además, muy generoso particularmente con respecto al sector salud, había dicho hace dos años o más, en una conferencia de ese inteligentísimo mecanismo de divulgación intelectual que se llama TED, que la próxima guerra sería no de cohetes sino de microbios. En eso estamos. Creo que en estos días anunció una donación de US$175 millones para ayudar a encontrar la vacuna.

En esta guerra, que tiene sus antecedentes muy remotos y muy letales, los soldados somos todos: viejos, adultos, jóvenes y niños, hombres y mujeres, de muy diferente manera. Y lo que nos piden es muy sencillo: lavarse las manos, no saludar en la forma tradicional, no salir de la casa, etc. Y los que están en la primera línea de combate son médicos y enfermeras que no dan abasto, que carecen de las herramientas médicas necesarias.

Los relatos de lo que está ocurriendo en los hospitales son realmente escalofriantes. A tal punto que en un importante hospital de Estados Unidos, unos jóvenes médicos muy competentes, ya casi exhaustos, se pusieron de acuerdo para regresar el miércoles pasado a sus casas, redactar sus testamentos, porque están expuestos como nadie a contraer el virus y saben que los recursos médicos son muy escasos.

Tan escasos que en Italia, Francia, España, así lo dicen los mejores columnistas, tienen que tomar la dificilísima decisión ética de priorizar, o sea, de decidir a quién dejan morir y a quién intentan salvar. Claro está dejan morir a los viejos. Y por eso esta invitación tan fuerte para que los viejos, los mayores de 60 años se mantengan en una cuarentena permanente y no sólo de 14 días. O de un fin de semana largo.

Es una guerra contra un enemigo invisible, es cierto. Inédita, inesperada y para la cual, al parecer, nadie estaba preparado.

Si ha habido alguna ausencia notoria es la del liderazgo de las principales potencias. Y, más grave aún, la de la Organización Mundial de la Salud (OMS) cuyo oficio ha debido ser poner el grito en el cielo desde enero y no en los primeros días de marzo.

¿Saldremos de aquí con un nuevo orden mundial, financiero, económico, comercial, social, familiar, deportivo, educativo?

Tenemos que prepararnos para una guerra que puede durar más de lo que creemos. Y que, como dicen algunos, está compensando otros daños enormes que le hemos causado a la naturaleza, como sería lo relacionado con el cambio climático.

En Colombia, el presidente Duque ha logrado la visibilidad que le negaron durante año y medio. Ha manejado el tema con prudencia, intensos procesos de consulta en el nivel internacional y nacional y, todavía, se notan los esfuerzos por debilitarlo, y disminuirlo. Increíble. En una situación, quizás la más grave que hemos vivido, no se entiende la razón de estos juegos irresponsables. Hablar de unidad, solidaridad, compromiso, sacrificio, como que les parece de quinta. Como que hay que seguir jugando los juegos que no son de recibo cuando se decreta un Estado de Urgencia o de Calamidad Pública, o de Emergencia Económica y Social, no importa la noción jurídica que cada país utiliza. Comportarse así en una guerra inédita, es incomprensible.

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