Extremismos

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Extremismos

Septiembre 27, 2019 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Odio, intransigencia, dogmatismo, intolerancia, estigmatización… son las actitudes que están caracterizando nuestro comportamiento. Y, no se desconoce, el de otras sociedades que fueron modelo de civilidad como Estados Unidos o Reino Unido.

El Congreso, que debería ser el escenario de una retórica apropiada, inteligente, aunque no desprovista de ironía y firmeza, es ahora, en nuestros tiempos, la escuela de lo contrario. A tal punto que ya ha sido necesario recordar el nefasto impacto de esa retórica descompuesta y hasta vulgar en la generación de la violencia partidista.

Es que la elegancia en el decir es una herramienta necesaria de la vida política. No puede haber desacuerdo, controversia, asuntos indispensables de la vida democrática, si lo que predomina es el lenguaje grosero, vulgar, violento, que degrada la noble naturaleza del debate político. Ahora se equipara esa elegancia con debilidad. Un verdadero desastre. Es que hasta en las columnas de opinión, en la conversación en el campus universitario, familiar o de oficina, el lenguaje se ha rebajado a niveles inconcebibles. Y por ello grabaciones que se difunden aún de altos funcionarios, están plagadas de vulgaridades.

En días pasados el presidente de la Fundación Ford, Darren Walker, en una reflexión que acostumbra distribuir resolvió especular sobre lo que llamó “en defensa del matiz”. Inicia su meditación advirtiendo que no podemos permitir que la perfección sea enemiga del progreso; que en la complejidad y en el matiz podemos encontrar esperanza.

Walker se pregunta qué había pasado en el mundo desde el año 2013 cuando asumió la Presidencia de esa importante Fundación. Trata de encontrar una sola palabra pero no queda satisfecho con las que identificó. Concluye que demasiadas cosas habían ocurrido y muy rápido para que una sola expresión las capturara adecuadamente. Finalmente, encuentra, un adjetivo que le parece diciente: “Extremo”.

Recuerda cómo vivimos la era de fenómenos climáticos extremos y de una desigualdad extrema. Y, también, la era de grupos de odio extremo, de nacionalismos extremos y de populismo extremo.

Y muestra cómo son los extremos los que logran el mayor cubrimiento para que redes sociales y algunas compañías de medios, capitalicen las recompensas. Estos extremos, dice, generan más extremos, endureciendo aún más el discurso y dividiendo a nuestras sociedades. Redondea así su diagnóstico: en esta visión global, es todo o nada, bueno o malo, lo mejor o lo peor. Ya no hay espacio para el matiz ni para la complejidad. Y por eso los desafíos más extremos permanecen extremadamente sin resolver. La gente se atrinchera en las esquinas, no busca el terreno común. Prefiere combatir el fuego con el fuego, la fiereza con la fiereza. Nadie parece estar interesado en bajar la temperatura. El matiz, concluye, es una concesión que nadie está dispuesto a hacer. Difícil encontrar soluciones para los problemas comunes. El respeto mutuo, la construcción de puentes y de relaciones humanas basadas en la comprensión, han desaparecido. El gradualismo, las soluciones intermedias, no encuentran espacio; la animosidad obstaculiza la ambición.

Darren trae dos ejemplos para mostrar lo que está ocurriendo en la vida real con respecto a grandes problemas: la respuesta frente al cambio climático y la política criminal referida al sistema carcelario.

Nostalgia por la elegancia en el discurso político y en el lenguaje diario. Urgente rememorar, Darío Acevedo lo tiene bien sabido, que la retórica brutal desata hechos extremos.

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