2022

2022

Marzo 23, 2018 - 11:50 p.m. Por: Fernando Cepeda Ulloa

Parece que la ciudadanía está más tranquila. Cree que el sobresalto de este proceso electoral ha sido cuasi superado. Y lo que se comienza a oír es, ¿cómo será el proceso electoral de 2022?

Se da por descontado que Petro seguirá trabajando su candidatura presidencial para entonces. Lo cual plantea el tema inescapable de las otras candidaturas.

Probablemente algunos de los que han formado parte del tiquete como vicepresidentes buscarán esta vez su oportunidad. Juan Carlos Pinzón, por ejemplo. Y quizás Martha Lucía o Claudia López.

Lo que sí parece evidente es que, en general, el sistema político requiere un ajuste de grandes proporciones. Comenzando por la reconstrucción del consenso político. Fundamento imprescindible de una sociedad política vigorosa. Y otras muchas reformas.

Ponerle fin al Partido único de los contratistas, o sea, a las empresas políticocriminales que han deteriorado gravemente el sistema político, deformado brutalmente la formulación y ejecución de políticas públicas, saqueado los recursos para atender las necesidades mínimas de los sectores más vulnerables. Nada fácil. Están enquistados y de qué manera en todos los niveles de gobierno. Una tarea urgentísima. Fajardo tiene al respecto máxima claridad. Juan Carlos Pinzón también agita la misma bandera. Y Claudia López y Robledo. Cualquiera que gane ahora debería construir un consenso para erradicar este flagelo descomunal.

Llegar al 2022 en las mismas es un riesgo mayor. Y ahí está el tema que todos eluden, el de la nefasta financiación privada, así sea parcial en apariencia, de las campañas. Finalmente están costando un dineral inimaginable que se paga con el presupuesto nacional, con los presupuestos departamentales y municipales. Esto ha quedado claro con escándalos como el del departamento de Córdoba o el que se pasó por alto, como si nada, el carrusel de la contratación en Bogotá.

La actitud del avestruz no ayuda para nada. Ya hemos llegado muy lejos, vamos en empresas político criminales, si es que le damos crédito al contralor Maya. Y eso es lo peor imaginable.

Un contexto político tan deteriorado, o más que el que tenemos podría ser realmente fatal.

Sólo así se recuperará la credibilidad en el sistema político, en sus instituciones, en las autoridades, en las cortes, en los partidos políticos, en las corporaciones legislativas. Se sabe que aparte de nuestros propios problemas existe una crisis de la democracia que los refuerza. Bien complejo. Esa es una dimensión vital de la tarea del Nuevo gobierno.

Reformar un sistema político debe siempre llevar a la promoción de un consenso político. Es que se trata de construir las reglas de juego, las cuales deben ser justas. La fortaleza de la vida política resulta, precisamente de ese acuerdo sobre lo fundamental. Lo que tenemos hoy es ya criticado por casi todos. El sistema de listas electorales no puede continuar así. Los partidos políticos tienen que recuperar su papel histórico. Los partidos tienen que volver a conectarse con las diferentes expresiones de una sociedad cada vez más compleja. Los dirigentes políticos, si quieren contar con el aprecio de la sociedad toda, tienen que dejar de representarse a sí mismos y hacer la difícil tarea, pero la más noble, que es la de representar a toda la sociedad y en particular a sus comarcas y renunciar a la figura del político-contratista.

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