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Economía al 80%

Agosto 09, 2020 - 06:25 a. m. Por: Esteban Piedrahíta

La velocidad e intensidad del ‘tsunami’ de desempleo que ha sacudido a Colombia con la pandemia hacen palidecer a lo sucedido a fines del siglo pasado, cuando el país vivió su peor crisis económica en décadas. En 1999, la economía cayó un 4,2%, después de haber presentado un anémico crecimiento del 0,6% el año anterior. La tasa de desempleo, que en septiembre de 1997 era del 9,8%, escaló al 12,3% en igual mes de 1998 y al 16,3% un año después. Esto representó un aumento de 1,3 millones en el número de desocupados en 2 años.

En junio de este año, la tasa de desempleo nacional (19,8%) más que duplicó la del mismo mes del año anterior (9,4%), y las personas desocupadas aumentaron en casi 2,2 millones. Esta cifra, no obstante, subestima en forma significativa la pérdida de empleo y el impacto sobre la capacidad de generación de ingresos de los hogares, pues no da cuenta del incremento en los inactivos -personas que no están ocupadas, pero que tampoco buscan empleo- cuyo número aumentó en 2,6 millones en el mismo lapso. En la crisis anterior, el número de inactivos cayó en casi 500 mil personas entre 1997 y 1999.

El punto valle de la crisis actual, al menos en lo que atañe al empleo, parece ya haber quedado atrás. En junio pasado, el número de ocupados fue mayor en un 11% (+1,8 millones de personas) al registro de abril. De utilizar solo el 75% de la fuerza laboral que se empleaba hace un año, se pasó al 81%. En Cali, después de una estrepitosa caída en abril, el número de ocupados aumentó un 7% en mayo y un 11% adicional en junio (+155 mil). Así, la ocupación de la fuerza laboral, tomando como referencia el año pasado, aumentó de un poco más del 66% a casi el 78%. Que sólo 4 de cada 5 colombianos que estaban ocupados el año pasado lo estén ahora representa un desafío económico y social enorme.

El paralelo con la crisis anterior, sin embargo, también ofrece luces de esperanza. Desde casi cualquier punto de vista el Estado, las empresas y los hogares colombianos tienen hoy, en términos generales, una posición bastante más sólida que hace 20 años. Un elemento crítico es la situación financiera del país, que incorpora la posición de reservas internacionales del Banco de la República, la capacidad de financiamiento del Estado y la fortaleza de nuestro sistema bancario. Esta no solo es mucho más robusta hoy, sino que aunada a unas tasas de interés reales que están en mínimos históricos, amplifica la posibilidad de amortiguar los efectos de la coyuntura y de diluir parte de los impactos en el tiempo.

Ejemplo de ello son los giros solidarios del Gobierno, que se comenzaron a gestar en la crisis anterior y que hoy llegan a más de la mitad (7,4 millones) de los hogares colombianos, así como el Programa de Apoyo al Empleo Formal, que ha beneficiado a cerca de 2,4 millones de trabajadores. Estas y otras medidas han logrado efectos paliativos importantes.

Pero la única solución sostenible y de fondo es la reactivación de la actividad económica, la cual depende ineludiblemente de la contención del virus. De momento éste parece haber impactado sobre todo a lo que podríamos asimilar a los ‘tejidos blandos’ de la economía, sin lograr dañar órganos y sistemas más estructurales. (Esto, sin menospreciar el efecto catastrófico en algunos sectores). Pero cada semana que pasa de inactividad o actividad muy por debajo de la media expone en mayor medida los sistemas y estructuras que sostienen la producción, el consumo y la prosperidad. En el éxito de nuestra respuesta de salud pública, responsabilidad de todos, está la clave del salvamento de la economía y el empleo.

Sigue en Twitter @estebanpie

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