Capitalismo abierto y sociedad

Capitalismo abierto y sociedad

Septiembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Esteban Piedrahíta

Un contraste notorio entre las economías del Valle del Cauca y de Antioquia es la estructura de propiedad de sus principales empresas. En nuestra región prácticamente todas las compañías más representativas son familiares y tienen un número reducido de propietarios. En Antioquia, en cambio, las principales firmas son de capital abierto, están listadas en bolsa y cuentan con miles de accionistas (millones, cuando se incluyen las acciones en cabeza de los fondos de pensiones de los trabajadores colombianos).Esta diferencia tiene profundas implicaciones. De un lado, la experiencia internacional indica que, a partir de cierta escala de negocio, las empresas necesitan de acceso a capital en los montos y condiciones que solo los mercados de valores pueden ofrecer para crecer aceleradamente. Entre las compañías privadas más grandes del mundo, las que aún están en manos de familias y son de capital cerrado (ej. Cargill, Koch Industries, Bechtel y Mars) se cuentan con los dedos de una mano.La trayectoria de las grandes empresas antioqueñas, que son “públicas” o de capital abierto desde hace varias décadas, también es ilustrativa de esta tendencia. Si bien contaron con la fortuna (pero también con la visión) de estar concentradas en sectores no-transables, especialmente favorecidos con el modelo de economía abierta adoptado por Colombia a principios de los noventa, hoy alcanzan escalas realmente sorprendentes. El valor en bolsa conjunto de Grupo Argos, Sura, Bancolombia y Nutresa, estandartes del Grupo Empresarial Antioqueño, alcanza actualmente los $45.000 millones de dólares.Aunque habría que depurar esta cifra por las participaciones cruzadas (cada vez menores) entre estas empresas, son con diferencia el conglomerado privado más grande de Colombia a la vez que el de mayor proyección internacional. ¡Su capitalización bursátil combinada supera el valor patrimonial (contable) de las 500 compañías más grandes del Valle del Cauca —US$24.000 millones! Aparte de facilitarles el crecimiento orgánico y a partir de adquisiciones, el mercado de capitales impone a estas firmas una rigurosa disciplina a través del escrutinio constante e implacable de analistas e inversores locales y extranjeros. No tener “dueño” también puede incidir positivamente, por ejemplo, al estimular una cultura empresarial basada en la meritocracia.Pero hay un elemento que va más allá de los buenos resultados corporativos y el crecimiento económico que generan. El que miles de ciudadanos puedan participar del éxito de las compañías de su región, aparte de ser un bien en sí mismo, contribuye a hacer más estable y sostenible su tejido empresarial y social. Una ciudadanía que se beneficia más directamente del crecimiento de sus empresas es una ciudadanía más dispuesta a propender por que existan las condiciones para que las compañías crezcan y menos dispuesta a embarcarse en descabelladas utopías estatistas que inevitablemente redundan en el empobrecimiento colectivo.En la última década son pocas las empresas colombianas que se han atrevido a abrir su capital (y solo una vallecaucana —Carvajal Empaques). Si queremos un capitalismo no solo más dinámico y próspero, sino también más sostenible y mejor, es fundamental que muchas más den este paso. No solo les convendría a ellas y a sus accionistas, sino que también sería conducente a una mayor democratización de la riqueza y a más apropiación de las empresas por parte de la sociedad.

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