¿Qué hacemos con los trabajadores?

¿Qué hacemos con los trabajadores?

Abril 14, 2019 - 06:30 a.m. Por: Ernesto De Lima

Desde que Colombia firmó Tratados de Libre Comercio con varios países hemos esperado en vano que la balanza comercial con ellos muestren cifras positivas para nuestro lado, pero en la mayoría de los casos nos son altamente desfavorables, siendo el de los Estados Unidos el que muestra cifras más negativas para Colombia. Esto, sin incluir los productos que ingresan bajo el llamado contrabando técnico, consistente en importar legalmente una cierta cantidad pero traer una mayor cantidad, contando con la colaboración de funcionarios inescrupulosos en algunas de las aduanas del país.

En el caso de los textiles, analistas estiman que el 35% del mercado nacional se surte del contrabando, lo que ha llevado a la pérdida de más de 600.000 empleos en ese sector, generando a la vez resultados operacionales negativos a la mayoría de las empresas textileras y comprometiendo su sostenibilidad financiera.

Como reza el dicho, ‘si en el sector industrial llueve, en el agropecuario no escampa’. A los ingenios azucareros y al propio Ecopetrol, cuyo mayor accionista es el Estado, los Gobiernos los instaron a montar costosas plantas para producir etanol a base de la caña de azúcar para ser mezclado con los combustibles para vehículos, pero de la noche a la mañana permitieron la entrada de ese producto elaborado en Estados unidos y Brasil a base de maíz.

En el caso de los productos lácteos la situación es aún peor, pues las importaciones de leche en polvo y sus derivados les han representado a los propietarios de hatos lecheros una drástica reducción de los márgenes de utilidad. Así lo demostró recientemente el informativo ‘Panorama Diario Digital’ citando que en el 2009 por cada tonelada de lácteos importada se exportaban 4, mientras que entre 2010 y 2017 por cada tonelada exportada se importaban 7,3, calculándose que en el 2018 entraron al país cerca de 60.000 toneladas de productos lácteos, siendo Estados Unidos y la Unión Europea los mayores proveedores.

Cabe anotar que después de copar las importaciones autorizadas sin arancel y dependiendo de las condiciones del mercado es posible continuar importando lácteos pagando los impuestos respectivos, aunque algunos avivatos logran hacerlo sin cumplir con ese requisito.

Cada año el Gobierno determina un incremento al precio de la leche cercano a la inflación, pero eso en realidad no se refleja en el precio que recibe el productor, pues muchas pasteurizadoras disminuyen a discreción la llamada bonificación voluntaria. En contraste, en el 2018, las alzas de los alimentos concentrados fueron de aproximadamente un 9%, los salarios y los medicamentos de uso veterinario 6%, y los fertilizantes cerca del 30%, rubros que representan cerca del 85 % del costo de producción de un hato lechero. En un reciente artículo en el periódico Portafolio, el exviceministro de Agricultura Luis Arango Nieto explicaba las razones para la crisis que esa situación ha generado para los productores de leche y de carne bovina.

Como en Estados Unidos y en Europa los productores de tanto los lácteos como el etanol reciben grandes subsidios de sus gobiernos, ello se constituye en una verdadera pelea teniendo uno de los contrincantes una mano amarrada, por lo que me pregunto: entonces, ¿qué hacemos con los trabajadores?

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