Paz, paz

Paz, paz

Septiembre 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Poca paz generará la polarización de los colombianos en torno del plebiscito para establecer si apoyan lo acordado en Cuba por los enviados del Gobierno con la Farc. En este estridente diálogo de sordos, cada lado ha ido asumiendo posiciones cada vez más inamovibles, y en ambos bandos la disposición a escuchar los planteamientos del otro es escasa.Los partidarios del Sí presentan normalmente argumentos de índole general, a veces idealizados, sobre los beneficios del acuerdo. Lo valoran porque creen que desmovilizará uno de los grupos armados ilegales más antiguos del mundo, y que esto evitará futuros crímenes. Piensan que servirá para que el país pueda gozar de una paz que le permita crecer con dinamismo, armonía y equidad. Tienen fe en que el acuerdo les brindará un mejor futuro a sus hijos y al país, en general, y quieren, como dicen, “pasar la página”. Paradójicamente, a pesar de manifestar desear la paz, y posiblemente porque sus argumentos involucran su fe, sus ilusiones y sus esperanzas, muchos tienden a no ser tolerantes con quienes los controvierten.Los partidarios del No, por su lado, generalmente se enfocan en aspectos objetivos de lo acordado. No aceptan la impunidad de delitos de lesa humanidad o que estos además sean premiados con dinero y/o posiciones políticas. Rechazan desvertebrar el sistema judicial constitucional. Objetan posibles afectaciones al derecho de propiedad o el establecimiento de un populismo asistencialista que no creen económicamente viable. Algunos piensan que lo acordado vuelve ingobernables los municipios. Y muchos temen una desbocada del narcotráfico y, sobre todo en los sectores populares, de la inseguridad ciudadana. Sus argumentos no están exentos de tintes ideológicos, como los tienen los de la otra vertiente, pero tienden a ser más concretos en relación con el acuerdo en sí.Restan muchos colombianos por decidir cuál opción escoger. Lo lógico sería que para hacerlo leyeran las 297 páginas del acuerdo, y sus anexos, pero esto es imposible. Ese mamotreto es un monumento a la mala redacción y al mal castellano, farragoso, enmarañado, que oscila entre afirmaciones generales tan vagas que pueden ser interpretadas en cualquier sentido y pasajes de un detalle enervante. Pocos tendrán la paciencia y el tesón necesarios para concluir su lectura. Por eso, lo más indicado es que usen los resúmenes del acuerdo que empiezan a circular. Lo práctico es tomar uno de cada bando y acudir al mamotreto sólo cuando se presenten discrepancias entre los resúmenes o cuando lo que afirman luzca muy raro.Uno de los peores rasgos de nuestra Constitución es que les concede infinidad de derechos a los ciudadanos a cambio de muy pocas obligaciones. Hoy, así no esté estipulado, todos los colombianos tienen la obligación moral de participar en este plebiscito, y de hacerlo con un voto racional. Ningún ciudadano consciente puede marginarse de una votación en la que se definirá el futuro modelo económico, jurídico, de administración pública y hasta territorial de Colombia.Es necesario añadir, finalmente, que aunque no es fácil vaticinar el futuro de nuestra patria, algo sí es claro, independientemente de si gana el Sí o el No: Mientras encumbrados personajes como el expresidente Gaviria y el señor Arzobispo de Cali sigan refiriéndose como ellos lo hacen a quienes no comparten sus deseos, la paz nunca llegará a Colombia.

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