¡Movámonos!

¡Movámonos!

Septiembre 28, 2016 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

El deterioro en la movilidad de los caleños es serio. Según Cali cómo vamos, el 51% de quienes trabajan o estudian fuera de su casa consideran que en 2015 el tiempo de sus desplazamientos creció frente a 2014. Sólo el 34% consideró satisfactorio el estado de las vías y apenas el 21% de quienes lo usan expresó satisfacción con el servicio del MÍO. Y la encuesta de movilidad de origen-destino del Centro Nacional de Consultoría arrojó que en 2015 el tiempo promedio de desplazamiento de un lugar a otro en Cali es de 35 minutos, con promedios diferentes para los usuarios del MÍO (65 minutos), de motos (33 minutos), carro particular (28 minutos) y taxis (27 minutos).Esto no es de extrañar. Además de que aún se nota la ausencia de Alberto Hadad en la Secretaría de Tránsito, Cali no cuenta con un Plan de Movilidad Urbana. El alcalde Ospina no cumplió con la obligación de formularlo que le impuso la Ley 1083 de 2006, y sus sucesores tampoco lo han hecho. Por carecer de él, Cali ha venido padeciendo obras y proyectos que cada vez entorpecen más la movilidad de sus habitantes, y es deseable que se adopte pronto un plan serio. Lo que no es necesario es esperar a este plan para tomar medidas que mejoren o, por lo menos, impidan que se continúe deteriorando la movilidad, y son muchos los campos en los que hay que actuar.Para empezar, están los semáforos, de los que Cali tiene un número excesivo. Poner varios semáforos en trechos cortos (por ejemplo, los cinco semáforos sobre la calle 5 entre las carreras 70 y 82) genera paradas y demoras innecesarias, en las que se aumentan injustificadamente los tiempos de recorrido y la contaminación ambiental. Es necesario eliminar los muchos semáforos que son redundantes o innecesarios. Y, obviamente, una vez depurado el sistema, los que queden deben ser debidamente sincronizados.También es urgente eliminar los innumerables policías acostados que se han construido sin ton ni son en toda la ciudad. Estos obstáculos, cuyo nombre oficial es ‘resaltos’ y en algunos casos los disfrazan con el pomposo alias de ‘pasos pompeyanos’, trancan el flujo vehicular, dañan los vehículos y generan un enorme aumento en las emisiones de calor y de gases contaminantes. Casi todos han sido construidos violando las normas pertinentes y es urgente que sean demolidos para restablecer la movilidad en las vías que han afectado.Deben suspenderse las intervenciones de los ‘urbanistas’ ocofóbicos que se han dedicado a estrechar las vías de la ciudad. No se puede permitir que barbaridades como la reducción de la capacidad de la Avenida 2 o el torpe estrechamiento de las calles del barrio Granada se sigan repitiendo. Basta imaginarse el trancón que habrá en la Avenida Roosevelt con la reducción de carriles que quieren hacerle para entender todo el daño que estos fundamentalistas de la guerra contra el transporte automotor pueden hacer.El daño a la movilidad que ocasionan los vehículos que bloquean las intersecciones en los cambios de luz de los semáforos debe ser perseguido en forma inflexible por las autoridades. Como es urgente también que se establezca un pico y placa para las motos, con lo que además de mejorar la movilidad general se disminuiría su accidentalidad. Lamentablemente, el espacio no da para relacionar más de las muchas acciones que hay para tomar. Pero sí alcanza para decirle a la administración municipal: ¡Movámonos!

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