Mi candidato

Mi candidato

Julio 30, 2019 - 11:50 p.m. Por: Emilio Sardi

En pocos días, los caleños escogeremos al próximo alcalde de Cali entre un amplio ramillete de candidatos. Con una protuberante excepción, ellos son personas respetables que aspiran legítimamente a guiar nuestra ciudad por el que quisiéramos fuera un venturoso camino. Es de esperar que nos presenten sus planes de gobierno para que nuestra decisión sea ilustrada, y mi mayor interés radica en sus propuestas para salvar la agonizante movilidad de la ciudad.

El alcalde Armitage ha obtenido grandes logros en algunos frentes, como la educación, el deporte y la seguridad. La escogencia de personas idóneas para conducir esos frentes ha producido resultados de gran beneficio para la ciudad. No ha tenido, en cambio, igual suerte con la movilidad, la cual se ha venido deteriorando a pasos agigantados hasta aproximarse a la parálisis en manos del mesiánico personaje que hoy está bloqueando vías y acabando con ella, al tiempo que hace extraños contratos.

Ante este negro panorama, es preciso que los candidatos ofrezcan propuestas serias para reversar la tendencia y reducir el tiempo que los ciudadanos deben dedicar a movilizarse. La movilidad en una ciudad afecta su competitividad y la calidad de vida de todos sus habitantes, desde el más pobre al más pudiente. Una mala movilidad les roba tiempo en su trabajo, en su descanso, en su vida. Les roba tranquilidad.

El manejo de la movilidad caleña debe ser pragmático. La crisis es aguda y no da tiempo para promover exóticos modelos de otros países. Si es dudoso que en veinte años Cali tenga un buen sistema de transporte masivo, es absolutamente claro que no lo tendrá en cinco. Como no tenemos un buen sistema de transporte público sino uno desarticulado e ineficiente, que ha aumentado los tiempos de desplazamientos de la gente y es absolutamente insuficiente en su cobertura territorial, nuestro futuro gobernante deberá reconocer nuestras realidades y trabajar con base en lo que es factible y práctico.

Hay 500 mil carros registrados en Cali. Los dueños de esos vehículos deben ser respetados y sus necesidades atendidas, como deben serlo los propietarios de las 250 mil motos registradas. El cuento de que el transporte individual es de los ricos es solo eso, un cuento. En el último Opinómetro de El País, 67% de quienes respondieron afirmaron transportarse en carro o moto. Aún la encuesta Cali cómo Vamos muestra que el 52% de las personas usa transporte individual, privado o público.

Cualquier plan sensato debe incluir una mejora en la infraestructura vial. Con sólo diez o quince intersecciones a desnivel se descongestionaría enormemente el flujo vehicular en la ciudad. Es urgente retirar los tacos y bolardos con los que el actual secretario de Inmovilidad ha inundado las calles, así como remover resaltos y tapar huecos. Hay que quitar semáforos y sincronizar los que queden. Y se debe enfrentar con seriedad la fábula de la bicicleta.

En suma, yo aspiro a que quien eventualmente sea mi candidato tenga un plan serio y práctico para mejorar la movilidad de Cali. Aclaro, eso sí, que no habrá promesa alguna que me haga votar por el de la remodelación del estadio en más de 100 mil millones, el del tinglado de los ‘guardias cívicos’, el de los millones de dólares entregados a una empresa fantasma israelí. Después de ocho años de gobiernos pulcros, no se puede permitir que Cali vuelva a hundirse en ese lodazal.

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