Levantando acostados

Levantando acostados

Junio 01, 2011 - 12:00 a.m. Por: Emilio Sardi

Según el Consejo Privado de Competitividad, Colombia tiene poco más de la mitad de las vías arterias pavimentadas de países como Bolivia, Ecuador y Perú, con sólo 54% en buen estado, antes del reciente invierno. Si hubiera datos comparables para las redes urbanas, mostrarían una situación peor. Con la elección popular de alcaldes, el mantenimiento de las vías urbanas colombianas se abandonó por completo. Las calles no son de nadie, y los elegidos resolvieron dedicar los fondos que antes se destinaban a su mantenimiento a usos con mayores réditos políticos. Gracias a ese abandono de más de 20 años, no existe un país en el continente con calles más llenas de huecos y más deterioradas que las de las ciudades colombianas. Y entre ellas, las de Cali son de las peores.Para más daño, los gobiernos municipales que han padecido los caleños en los últimos años, en vez de usar el cemento para tapar los huecos, lo han destinado a erigir los cientos de policías acostados (‘resaltos’ o ‘reductores’, en la jerga oficial) que han regado por toda la ciudad para obstaculizar el tránsito y generar puntos de congestión, daño de vehículos y contaminación ambiental. Cada vez que un vehículo se detiene para sortear uno de ellos, calienta sus frenos y atranca el flujo vehicular. Al pasarlo, sufre deterioro, y al reiniciar la marcha aumenta su consumo de combustible y la emisión de gases y calor. Esto además de los accidentes que ocasiona si debe frenar súbitamente ante estos obstáculos, normalmente carentes de señalización y con alturas absurdas.La Ley 769/2 y la Resolución 1050/4, acogiendo convenios internacionales, limitan y definen cuándo y cómo se pueden construir esos ‘resaltos’. Esas normas los restringen a sitios de alta accidentalidad comprobada, estipulan que su implementación “deberá estar precedida de un estudio de ingeniería de tránsito”, y descalifican su uso en “carreteras y vías de alta velocidad, vías urbanas en donde transiten rutas de transporte público colectivo, vías urbanas principales (o de jerarquía superior) o calles que enlacen a éstas, vías urbanas con volumen vehicular diario superior a 500 vehículos, vías urbanas cuyo porcentaje de vehículos pesados supere el 5%, y vías con pendiente mayores del 8%”. Además, establecen que “debido al ruido y vibraciones que generan, no se recomienda su uso en zonas residenciales y frente a bibliotecas, clínicas y hospitales”. En suma, todo lo contrario a lo que pasa en Cali. También estipulan que “su aplicación debe obedecer rigurosamente a especificaciones técnicas de carácter constructivo” que definen detalladamente y que tampoco se cumplen aquí.Habiendo entendido que las columnas de opinión sólo sirven para eso, para opinar, y que las autoridades poco caso les hacen, di poder a un distinguido experto en derecho administrativo para que, por medios jurídicos, lograra que el Gobierno Municipal diera cumplimiento a lo dispuesto por la Ley y levantara el sinnúmero de policías acostados regados por la ciudad que tanto mal hacen. En respuesta formal, las autoridades le informaron a mi apoderado que “en gran parte de lo manifestado tiene usted la razón”, y que están haciendo el inventario de esos “reductores”, que “vienen causando perjuicios a los ciudadanos”, para arbitrar los recursos para removerlos. Es de esperar que esto se haga dentro de un plazo corto, para bien de los caleños.

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