Niños y mascotas

Niños y mascotas

Octubre 26, 2018 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Por hacer parte de la junta directiva de una institución que trabaja por la inclusión y recuperación de niños con discapacidad, especialmente cognitiva, el Tobías Emanuel, veo permanentemente el abandono de infantes pues muchas familias sienten que no podrán levantarlos ante la adversidad física. Gran parte de ellos se convierten en una fuente inagotable de amor, difícilmente comparable con el resto de las criaturas que habitan en el Planeta. Humanos o no.

Me meto en esta comparación tan compleja porque observo cada día cómo crece la tendencia a cuidar en exceso las mascotas, con gastos suntuarios, impensables hace pocos años. Restaurantes para perros, joyas para gatos, clubes, salones de belleza, líneas de ropa, todo a precios absurdamente altos.

Las mascotas han entrado a jugar papel preponderante en las familias ante la soledad, los hogares unipersonales, la decisión de no tener hijos o uno solo; en fin, hay un espacio afectivo que todos requerimos para recibir y dar. Para muchos, la mascota se convierte en fuente de atención, casi humana y a veces más. Sé lo que ese lugar representa pues tengo un perro al que quiero mucho.

Sin embargo, percibo que la causa por los animales ha hecho olvidar a los niños desvalidos. Cuánto quisiera que esa entrega colectiva a rescatar perros callejeros, fuera similar a adoptar niños abandonados, apadrinar otros con limitaciones de cuidado o apoyo para su crecimiento personal, financiar becas, crear espacios para compartir.

Obviamente es mas fácil evadir la realidad cuidando un animalito: este se queja poco, no controvierte, no se frustra abiertamente, no plantea metas; evidentemente incluir niños con necesidades en nuestras vidas es más retador y complejo.

En esta sociedad inmediatista y facilista reemplazar la posibilidad de acompañar la causa de los niños desvalidos, y más cuando tienen cierto tipo de discapacidades, es más ambiciosa y difícil pero también más sintonizada con los deberes como seres humanos solidarios.

No tengo nada contra el boom de las mascotas y como dije, estoy en ese club; en lo que no puedo ser ciego es en que esos excesos por los animalitos nos hagan olvidar que hay un grupo infinito, humano, tierno, necesitado, que requiere de nuestra solidaridad y está quedando en un segundo plano.

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