Los deseos antes de morir

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Los deseos antes de morir

Marzo 06, 2020 - 11:45 p. m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Alrededor de la muerte y su preámbulo se construyen demasiadas leyendas. Los deseos de las personas antes de morir son uno de los más inquietantes. Cuando investigamos al respecto, nos sorprendemos de la trascendencia de pedidos aparentemente sencillos: beber la cerveza favorita; regresar al sitio que dejó recuerdos imborrables; bailar con quien se ama; una reconciliación pendiente.

El repaso de la lista asombra por lo relativamente fácil que es complacer a quien está en la etapa final de su vida, pues el gran pedido, el más complejo y emanado de Dios, ya no se puede lograr: tener más vida. En Holanda y en España hay una fundación ‘Ambulancia del último deseo’ que se dedica a eso: satisfacer el pedido pendiente de enfermos terminales.

Una enfermera experta en acompañar esta etapa, resumió las reflexiones más frecuentes de sus pacientes: A) Se lamentan de haber vivido en función del ‘qué dirán’ y no de sus propias convicciones. B) Trabajaron exageradamente. C) les faltó coraje para expresar sus sentimientos. D) les quedó faltando disfrutar más a sus amigos. E) tardíamente, se dieron cuenta que la felicidad no estaba tan lejos y pudieron haberla cultivado más.

Muchas veces pensamos en la complejidad de la vida y en lo imposible que es apostarle a cumplir los deseos en esta etapa tan dura. Incluso en la etapa vital, le tenemos miedo a los deseos de los demás.

Cuando fui presidente de una cadena hotelera, reté a los ejecutivos a garantizarle a los centenares de clientes asiduos, que les tendríamos su habitación con los caprichos personales que individualmente quisieran. Me dijeron que era temeraria mi propuesta pues la gente pediría licores caros, comidas costosas, tecnología inaccesible, entre otros. El resultado fue ventanales abiertos, agua fresca, ciertos periódicos, determinados canales noticiosos o deportivos, cama destendida.

Al final, la vida es simple y las suposiciones nos impiden avanzar en nuestra propia felicidad y en la de los demás. Nos enredamos tanto en el día a día que se nos olvida que la felicidad está alrededor de pequeños placeres, de miradas cómplices, de caricias sentidas, de la solidaridad en el momento oportuno y de risas frecuentes. Cosas tan abundantes en el mundo y a veces tan escasas en nuestras vidas, por lo que a última hora, queremos encontrarlas y muchas veces, es tarde.

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