Lo íntimo en lo público

Lo íntimo en lo público

Mayo 24, 2019 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Mauricio Gómez, el talentoso periodista y artista, hizo recientemente, a raíz del centenario del nacimiento de su padre Álvaro Gómez Hurtado, una semblanza del hombre, del padre, del esposo y señor de la casa.

Me conmovió profundamente esta oración porque mostró la dimensión humana, cálida, abierta y sobre todo liberal del más temido de los conservadores. Sus contendores lograron con efectividad, convertir en monstruo ante la opinión pública al más talentoso de los estadistas colombianos de las últimas décadas.

Quienes lo acompañamos con admiración y trabajo, sabíamos que Colombia estaba desperdiciando un gobernante de talante universal por la manipulación de su imagen que lo vendió como el más sectario, amigo de la violencia y digno de pánico colectivo. Ante el manejo pérfido de su imagen personal, fue derrotado varias veces en su aspiración a dirigir al país. Al final fue Colombia la que perdió.

Otro ejemplo de manejo perverso de la imagen fue el de Carlos Holguín Sardi. Hice parte de su gabinete en la Gobernación y es difícil encontrar un ejecutivo público más visionario, trabajador y comprometido. Salíamos de trabajar a las 11:00 p.m., eran frecuentes los consejos de gobierno a las 6:00 a.m. Posteriormente en Bogotá unas fotos con sueños cortos (de esos que suelen darnos cuando vemos las tediosas sesiones del Congreso) dieron pie a la imagen nacional de un político perezoso, dormilón; nada más distante de la realidad comprobada. Con su dilución como líder esperanzador, perdió nuevamente Colombia.

No se detienen estas perversiones para socavar la imagen pública de los líderes, inventándoles mitos repugnantes en lo privado. Me asquea ver cómo algunos ponen en duda la paternidad de un expresidente sobre sus hijos, con lo cual afectan familias enteras.

Sus contradictores entonces, ponen en duda la orientación sexual de los hijos del otro expresidente y así sucesivamente, ante la falta de ideas y de propuestas, las comunicaciones se convirtieron en cloacas, manejadas no solo con irresponsabilidad, sino con indolencia y maldad.

Al final, cuando ya es tarde por la desaparición de los valiosos, observamos el deterioro de nuestra clase política, que sustituyó a los mejores mediante ardides infames. Como siempre sucede, pierde Colombia.

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