La confianza como eje

La confianza como eje

Julio 12, 2019 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Fuimos con mi hijo a instalarse en Canadá. Acostumbrado a los trámites colombianos supuse que mi acompañamiento sería de utilidad en las diferentes diligencias.

Con un buen fólder bajo el brazo llegamos al banco. Mi hijo comenzó a chatear en la fila y recibió mi regaño. “¡Papi, todo el mundo está hablando por celular!” y en efecto, todos tenían en uso esa extensión del cuerpo. Me envalentoné entonces a usar el mío y al buscar la señal, me encontré que el Banco les obsequia a todos sus clientes una hora de wifi sin claves para ser usada dentro del banco. En la fila, leí el aviso del apoyo del banco a la comunidad gay. El día anterior fue el del orgullo y el banco simplemente se enaltecía por ser una institución incluyente. Pensé en el rigor de nuestros bancos y en el temor que les daría a los nuestros un aviso como ese. ¿Falta de confianza en sí mismos? Me pregunté.

Al entrar en la oficina, el banquero se concentró en mi hijo, en cuánto valoraban que los jóvenes se hicieran clientes desde estudiantes. Le abrió la cuenta, no pidió referencias distintas de las entregadas: la aceptación de su academia y la visa de estudiante. Le expidió tarjeta de crédito, no pidió codeudor, le comentó las exenciones de cobros por ser estudiante. Mi rol fue el de un espectador enmudecido ante la carencia total de desconfianza.

O mejor, en esa oficina solo había clima de confianza entre desconocidos. Pensé en mi larga vida de banquero la cual no ha terminado pues sigo siendo miembro de la junta de un banco y evoqué sobre el rol de la confianza en las relaciones.

Cuando adquirimos el plan del celular, también sobró la garantía. Tuvimos que ir a la Alcaldía de Ottawa por un cobro indebido de una multa de tránsito. Faltaba solo un turno para que nos atendieran y la conversación con la autoridad duró 3 minutos: demostramos que habíamos pagado previamente el estacionamiento y que la multa debía eliminarse. De inmediato lo hicieron sin leguleyadas. Confiaban en nuestra palabra.

¿Por qué somos desconfiados en Colombia? Recordé entonces la demagogia de nuestros políticos; el 63% que desconfía de la CSJ y obviamente de la Justicia; en las mentiras de ‘Santrich’ y de ‘Márquez’; en cuánto ganaría una sociedad donde la confianza sea el eje y nos podamos mirar a los ojos sin dudar.

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