Fiebre de invasiones

Fiebre de invasiones

Septiembre 21, 2018 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

El dolor de la quema de nuestro cerro tutelar, afectando cientos de especies de fauna y flora, se ha transformado en ira e indignación al saberse que detrás de los pirómanos están urbanizadores piratas que aprovecharán la devastación del área para promover invasiones.

Pretenden enriquecerse sobre la miseria de la naturaleza. Venden ilusiones a los desposeídos en predios sin servicios públicos que, en unos años, políticos oportunistas dirán que frente a la realidad de la invasión, no quedará de otra que llevarles agua y energía, convirtiendo la zona en otra barriada de ladera, con las dificultades conocidas.

Los cerros, que enaltecen el fértil valle geográfico y que deberían conservarse verdes y abundantes de árboles nativos para albergar la exuberante avifauna y especies menores, corren el riesgo de convertirse en paisaje urbano, construido con trozos de ilusión de los inmigrantes y en perjuicio del resto de la comunidad. No es esa la Cali que queremos.

Se estaban apenas coordinando los esfuerzos para reforestar la zona, cuando la unidad investigativa de El País hizo público que la hacienda Quesadas, colindante con la Avenida Cañasgordas, en pleno Cali, estaba siendo invadida con el pretexto de hacer vías para acceder a otra invasión: la hacienda Chontaduro en Jamundí.

Falsedad en documentos, amenazas, agresión, han sido las estrategias de los invasores amenazando nuevamente, como en la invasión de Cristo Rey, los derechos de la comunidad caleña al disfrute de los bosques, a la conservación del paisaje, y sobre todo, al Estado de Derecho que debe garantizar el uso tranquilo de las propiedades a quienes las adquirieron hace muchas décadas, conforme a la ley.

En muchos de estos casos deben desaparecer la dejadez y la cobardía para defender el patrimonio público, en el caso de Cristo Rey, y los derechos individuales, en el de la hacienda Quesadas.

No puede ser que el ‘peloteo’ entre Jamundí y Cali derive finalmente en que el tiempo pase y los invasores se fortalezcan en su asentamiento. Los funcionarios públicos deben actuar con mano firme y sentir que apoyamos sus actos de valor en defensa de las instituciones que preservan la propiedad privada y la naturaleza.

VER COMENTARIOS
Columnistas