El voto en blanco

El voto en blanco

Junio 01, 2018 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Evidentemente votar en blanco, o incluso no votar, son formas deliberadas de protesta. No votar es demasiado pasivo para mi gusto, es un acto de dejadez con la democracia, aquel “sistema imperfecto, pero sobre el que nadie ha inventado uno mejor”. El voto en blanco es activo, es un “no me gusta ninguno de los postulados” y usualmente quien lo deposita, aspira a que muchos como él, voten en blanco y representen una mayoría que genere una gran reflexión y ojalá, la repetición de las elecciones.

Lo cierto es que en Colombia, ninguno de las dos posiciones ha sido exitosa. También nos adaptamos a que los electores, esa minoría que termina votando, concurren por convicción, emoción, empatía, resentimiento, promesas, venta del sufragio, etc., y los votos en blanco son una baja representación que levemente son comentados la noche del conteo por parte de la Registraduría y que poca o ninguna trascendencia tiene en el proceso democrático en este país.

Con esos antecedentes, el voto en blanco en las próximas elecciones quedará de tercero, para no decir de último. Nada definirá, nada aportará; será una estadística efímera en un momento crucial de la historia de Colombia. Haciendo una comparación con la primera vuelta del pasado domingo, no quisiera yo que el voto en blanco fuera el equivalente a lo que De la Calle le hubiera sumado a Fajardo. Es decir, esos “cinco centavos para el peso” que hoy no deben dejar dormir a liberales ni a la Coalición Colombia por la falta de diálogo y decisión. Faltaron actos de humildad que muchas veces son los que aportan grandeza.

Me preocupa que percibo muchos amigos que sabiendo el riesgo institucional tan alto que encarna Petro, se dirigen asustados a la otra orilla y por antiuribistas o por no ver en Duque el candidato perfecto, promueven el voto en blanco. Dios quiera que esa votación en blanco, pequeña porción frente a la votación total, no vaya a ser el guarismo requerido para devolverle al país la certidumbre y el optimismo, perdidos por la polarización y el discurso de influencia castrochavista que tiene frenada la inversión. Que no lamentemos haber hecho parte de una votación lánguida pero necesaria para que un gobierno serio dirija Colombia.

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