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El Trump desafío

Octubre 09, 2020 - 11:45 p. m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Tuve un sueño geopolítico: por la importancia del voto hispano, el colombiano entre ellos, y el reto de reposicionar su imagen de hombre saludable, golpeada por el covid, el presidente Trump decidió jugarse una estratégica carta: salir de USA en plena campaña para visitar una ciudad representativa para los colombianos, con fuerte integración racial y alta en covid. Sus asesores le recomendaron un viaje relámpago a Cali.

Tras su llegada a la base aérea a las 4:00 p.m., se desplazó a ‘Puerto Chontaduro’. Allí fingió que disfrutó el pastoso fruto para lo cual había entrenado su deglución por varias semanas, lo que le hizo perder más peso que el covid. Comenzó a beber con cierta sonrisa temerosa un oscuro brebaje, el cual dejó al leer el slogan: “Jugo del amor prohibido: el que le da ánimo al caído”.

La caravana tomó la avenida Ciudad de Cali hacia una fiesta apoteósica en la Colonia Nariñense, en Aguablanca. Las morcillas de un metro le hicieron evocar a los jugadores de la NBA pero lo que más le impactó fue ver que los tapabocas se usaban como servilletas o para empacar el ‘tome-mija’.

De paso hacia la cena privada que le ofrecían en el Oeste, Trump le dio un saludo al alcalde Ospina. Este le tenía de sorpresa un par de dosis de Ivermectina en sendos inyectores. Ospina tomó la palabra para explicar el proceso y los traductores gringos pidieron un traductor del ‘grecocubano’ al castellano para pasarlo de este al inglés.

A las 9:00 p.m. entró a la cena privada en Casa Obeso ofrecida por el Centro Democrático. Fieles al origen del partido, le entregaron un collar de arepas que asustó a Trump porque pensó que eso era augurio de más morcillas. No aceptó posar con Christian Garcés ni con Gabriel Velasco, porque Trump no tolera nadie más alto ni más peludo que él. Con la que se entendió a las mil maravillas fue con María Fernanda Cabal. En medio de las carcajadas solo se oía cuando se decían “mentirosilla” o “you’re terrible”.

Al terminar la crema de chontaduro rociada con caviar, se fue al baño de la bella mansión y se molestó con el aviso ‘WC con bidé’. Se le aclaró que no es con Biden, que el bidé es un antiguo elemento sanitario.

Después de estos contactos con la comunidad, regresó raudo al blindado rumbo a la Base. Dicen que los días siguientes se volvió un hombre culto, con ‘cursos’ todos los días. Los caleños en cambio adquirieron un covid mutante, que además de tos seca y problemas al respirar, traía una dosis de soberbia que hasta la visita de Trump, era característica de unos pocos.

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