El carro como baúl de secretos

El carro como baúl de secretos

Septiembre 10, 2016 - 12:00 a.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

“Si quieres conocer a alguien, detállale su carro”, puede ser una de las máximas de la vida moderna. Ese vehículo que acompaña a las personas gran parte de sus vidas, termina siendo el armario ambulante que conoce los secretos, escucha sus angustias, sabe a quién mira y admira, que tan civilizado es y, obviamente, transporta las pruebas e indicios de su pasado y de sus pendientes.Habrá más pendientes en un carro lleno de periódicos viejos, de aquellos que el sol vallecaucano ya cambió el color y sus rayos le dan vida a columnas aún no leídas de nuestros inolvidables Ramiro Andrade o Juan José Saavedra, como si las hubieran escrito hoy. ¿No les transmite que se están quedando en manos de un depresivo cuando su carro está invadido por olor a tabaco viejo? ¿No les da desconfianza masculina cuando se suben a un pichirilo impecable aromatizado con frambuesa y tonos de canela? ¿Cómo hay hombres que creen que son tiernos unos zapaticos de bebe oliendo a berrinche colgando del retrovisor?Hay extremos que también hablan de quién es el dueño. Trabajé con uno que bajaba del carro a quien llevara bolsa con arepa de huevo, empanadas, etc. Él decía que quería mucho al carro y se lo dejaban oliendo a grasa. Yo creo más bien que no le dieron buñuelos en una Navidad y hoy lo refleja. Conocí también una señora que le revisaba con espátula las llantas al carro de su marido trasnochador. Si de ese frotis salía tierra roja, concluía que había estado en ‘La ventana de Petronio’ lo cual hacía que ella no le volviera a coger la mano, bueno, ninguno de los dedos por varias semanas.Un examen a fondo de los carros puede dar mayor información que la billetera. Aretes, pastillas, Cd, moños, tarjetas. Los objetos olvidados en un auto reflejan actividades religiosas y profanas de sus propietarios. Conocí de un concesionario al que le devolvieron un carro porque no se apagaba. El mecánico encontró que el auto sí apagaba y el que seguía prendido era un vibrador bajo los asientos.Coincido con expertos que es más fácil explicar un objeto perdido de procedencia conocida que no tener respuesta. Un amigo que se considera “fiel pero divertido” me compartía que con su esposa tiene tranquilidad pero le da pavor su mamá quien cada que se sube al carro desarrolla un espíritu de guaquera insospechado. Encuentra porque encuentra algo y son tantas las cosas extrañas que aparecen que mi amigo no tiene respuesta. Además los hijos adolescentes son un peligro porque en nuestros carros hacen de todo pero lo niegan. Así que mi amigo termina explicando ganchos, cosméticos, latas de Redbull untadas de labial, de la manera más absurda y divertida lo que enfurece más a la suegra, que si fuera pispa y joven, trabajaría en CSI. Por eso es famosa la anécdota de un playboy criollo, quien cada que llevaba el carro a lavar le decía al bombero: “Mompa, lo que encuentre de mujer en este carro es suyo”. El bombero humildemente le preguntó: “Dotor, ¿y que tal que encuentre unos aretes de oro?”, “Con mayor razón tuyos” le contestó asustado el donjuán tropical.

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