Ataúdes en rebaja

Ataúdes en rebaja

Agosto 24, 2018 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Impactante la decisión de las autoridades de la provincia de Jiangxi en China, de confiscar los ataúdes que los pobladores tenían dispuestos para su último viaje. Fue conmovedor ver los ancianos metiéndose en los cajones mortuorios para impedir su destrucción.

Las razones: la escasez de tierras para cementerios, estas son cercanas a las ciudades, limitan la expansión urbanística residencial y lo más claro, la cremación se convirtió en una alternativa ágil y eficiente.

Al existir esta opción, el gobierno chino usó su mano dura y conminó la población a olvidarse del cofre final. Como vamos, en poco tiempo, las nuevas generaciones no se imaginarán el rollo con los ataúdes y menos aún, la trascendencia de la velación donde el ataúd era protagonista con su usuario definitivo.

No entenderán los jóvenes los requisitos que oímos en las funerarias: Ataúdes con linternas, pilas y radio de comunicación y hasta agua ante la posibilidad que el difunto despertara. Féretros multicolores con fotos y banderas. ¿Cómo explicar que el dueño de la funeraria de Salamina sacaba el bafle a la calle y lo ponía a todo volumen cada que alguien compraba un ataúd? El marketing fúnebre se orientó al manejo de las cenizas con una imaginación ilimitada haciéndole perder nivel al entierro con caja mortuoria.

No podremos contarles la anécdota que con tanta gracia comparte Teresita, la esposa de Federico Botero, líder de Palmira y amo de Nirvana. Su tío era el carpintero de Caldas, municipio cercano a Medellín.

La situación económica empeoraba y el tío desesperado, decidió hacer un ataúd con las pocas tablas que quedaban en el taller. Le contó a todo el pueblo que si alguien moría, no fueran a Medellín pues él tenía lista la caja a buen precio.

Días después, la pareja oyó al amanecer golpes en la puerta. Ella le dijo al marido: “Están tocando mijo. Vaya que debe ser que se murió alguien y vienen a comprarle el cajón”. El salió presuroso y regresó cabizbajo.
“Que pasó? ¿No se murió nadie?” “si se murió” dijo el ebanista “pero no nos va a servir” “¿No? ¿Y por qué?” inquirió ella. El maestro repuso, “pues porque la que se murió fue tu mamááá!!”. No faltó sino que un chino se lo decomisara.

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