Al pasar la agenda

Al pasar la agenda

Enero 04, 2019 - 11:45 p.m. Por: Eduardo José Victoria Ruiz

Si bien es cierto que por razones de mi trabajo convertí el iPhone en una extensión de mi cuerpo, también reconozco que me niego a abandonar la agenda de papel como planificadora del tiempo, que bien llevada se convierte en un diario con beneficios profesionales y hasta de valor probatorio, como ya me ha sucedido, pero el ejercicio anual me ha marcado otras señales de uso.

Al finalizar cada diciembre incluyo allí los acontecimientos más importantes de la vida personal: los cumpleaños de quienes quiero, los aniversarios de quienes partieron dejando huella, las fechas trascendentales de eventos que me marcaron y que ameritan ser compartidos con sus protagonistas.

Agrego además algunas cosas que los medios anuncian para el año que entra: una lluvia de meteoros, un concierto inaplazable, un sueño pendiente.

Con vehemencia incremental, el ejercicio de pasar la agenda cada fin de año me pone a reflexionar con intensidad sobre la vida, los amigos y el tiempo.

Cómo duele, por ejemplo, suprimir los cumpleaños de quienes dejaron de existir en el año que termina y que eran contertulios sagrados; o borrar aquellos que con su displicencia van dejando de ser parte de nuestro entorno.

También cuánto gusto da escribir una y mil veces nombres que están deliciosamente tallados en el corazón y que quisiéramos hacer un brindis por su existencia. Como agradecer su presencia en nuestras vidas, sus expresiones solidarias, sus abrazos, su complicidad, sus besos en la distancia, su alma con canciones, frases y señales.

A veces me pregunto: “¿Por qué no he vuelto a tener contacto con esta persona?”, y procedo a incluir una llamada o un mensaje de WhatsApp para recordarle que la aprecio y le deseo lo mejor.

La agenda entonces me habla y me recuerda que esta transcripción anual de datos no es un ejercicio notarial de nombres y fechas, sino la oportunidad de revisar ese listado más cercano que amerita recibir temperatura para disfrutar del calor de la amistad y del amor.

Que las nuevas tecnologías no supriman el bello ejercicio de revisar nuestra carpeta de afectos, sino que sean vehículo para recordar lo efímera que es la existencia y lo trascendental que es disfrutar de tanta bondad y afecto a nuestro alrededor.

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