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La seguridad de Cali

Agosto 09, 2020 - 06:55 a. m. Por: Editorial .

La decisión de reforzar la Policía y el Ejército en Cali es más que necesaria. Como lo es también el combatir los factores de violencia que se reproducen en la región suroccidental de Colombia y redundan de manera directa en la capital vallecaucana.

Es evidente que la ciudad padece males graves como la intolerancia y la presencia de grupos que se disputan el control del llamado microtráfico, lo que ha impulsado a niveles inaceptables sus estadísticas de muertes violentas. Pero también es innegable que, desde hace ocho años, las autoridades municipales han dedicado grandes esfuerzos y recursos para enfrentar un fenómeno compuesto por múltiples causas y manifestaciones.

Por ello se ha conseguido reducir esa estadística de manera importante, con la ayuda de los Gobiernos Nacionales. Además, la sociedad caleña ha hecho grandes aportes para tratar de absorber en lo posible los factores que, como el aluvión constante de familias desplazadas por la mezcla de violencia y falta de oportunidades en la región, son factores que desquician el equilibrio social y rebosan en la tranquilidad de sus habitantes.

Por eso es necesario que la Nación fije sus ojos en la ciudad y se comprometa en la atención de la seguridad en las calles y los alrededores de Cali. Desde hace muchos años y luego de enmendar errores en la forma de atender las necesidades de nuestra sociedad, el Municipio está haciendo un gran esfuerzo financiero, institucional y social para resolver lo que sin duda es uno de los grandes problemas para las más de dos millones de personas que conforman su población.

Y no es una solicitud egoísta, como en un principio podría pensarse. La realidad es que por muchos años, décadas para ser precisos, Cali ha sido el epicentro donde concurren muchos de los factores delincuenciales producto de la débil presencia del Estado en el Pacífico y el sur del país. El crecimiento y la consolidación de las organizaciones criminales que se alimentan del narcotráfico, de la minería ilegal y de una pretendida insurgencia política con la que se trata de disfrazar la violencia de organizaciones como el Eln y las disidencias de las Farc son factores principales de la inseguridad que afecta a la comunidad.

De ahí que los anuncios sobre el fortalecimiento de la Policía Metropolitana, de la presencia del Ejército y de la colaboración de la Fuerza Aérea cuya Escuela de aviadores está en Cali, deben ser reconocidos como un aporte oportuno. Sin embargo, también es indispensable responder al desafío que significa la situación que ocurre en el norte del Cauca y, en general, en el peligroso corredor que el narcotráfico ha creado entre la cordillera central y el Pacífico.

Bienvenido pues el plan que cambia la manera de enfrentar los problemas de seguridad en Cali, la forma en que pretende atender esta problemática que se presenta en varias de sus comunas y la decisión de fortalecer la acción del Estado contra la delincuencia que aquí causa daño y aumenta las estadísticas lamentables. Es la respuesta que necesita una ciudad que ofrece oportunidades a pesar de los peligros que la acechan.

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