Una lucha estéril

Una lucha estéril

Junio 03, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Luego de sesudos análisis y de profundos estudios, la Comisión Global de Políticas Sobre Drogas ha concluido algo que media humanidad sabe hace décadas: que la persecución policiva contra el narcotráfico es estéril y que la única forma de acabar con la mafia que mueve ese mercado es despenalizando el consumo de alucinógenos.Hace más de 30 años el Premio Nobel de Economía Milton Friedman escandalizó a sus compatriotas estadounidenses cuando afirmó que la lucha represiva contra el narcotráfico no tenía sentido y que la única forma de acabar con el monstruo del narcotráfico era despenalizar el consumo de drogas. Mejor dicho, en esencia lo mismo que acaba de descubrir la famosa Comisión. Explicaba Friedman que esa persecución obsesiva contra el narcotráfico lo único que hacía era mejorar el negocio ilícito, porque incrementa el precio de la cocaína, de la marihuana y de las demás drogas sicotrópicas. Y añadía que el día que ese negocio se despenalizara se acababan las millonarias utilidades y por ende las mafias que se alimentaban de él.Pero claro, Friedman era economista y no político. Y las razones por las cuales el mundo está lejos de dar el paso de despenalizar esa actividad son absolutamente políticas, así en apariencia sean morales.La cuestión es muy sencilla. El narcotráfico es un problema en países pobres y sin ningún peso político en el mundo como Colombia y México. Los muertos que deja esa actividad ilegal los ponemos en Cali y en Ciudad Juárez. El problema en Estados Unidos no son los carteles, sino el consumo y los gringos están convencidos de que al legalizar la venta de estupefacientes ese consumo se va a disparar. Lo que no necesariamente es cierto, pero así lo perciben los norteamericanos. La cocaína y la heroína han destruido miles de familias norteamericanas. Y si a ese hecho se le agrega que la sociedad norteamericana es ultra conservadora, resulta impensable que a algún legislador de ese país se le ocurra plantear la despenalización del consumo de drogas, que soluciona un problema que en apariencia no afecta su electorado.Por eso, aunque lo que plantea el Comité al que pertenecen César Gaviria, Fernando Enrique Cardozo y otros líderes tercermundistas tiene todo el sentido, no pasará nada. Mientras los gringos tengan el sartén por el mango importará un pito que las hectáreas de cultivos ilícitos no se reduzcan y que el negocio perverso del narcotráfico siga viento en popa. Y mucho menos que unos ex presidentes latinoamericanos reclamen un giro en la política mundial antidrogas.Ese paso sólo se dará el día en que los países productores manden en el mundo o cuando la violencia del narcotráfico en las capitales estadounidenses sea un problema mayor a los ejércitos de adictos que ese negocio deja en ese país. Lo único que puede producir un giro en la lucha antidrogas global es que los gringos se percaten de que el narcotráfico también es su problema, porque es el combustible que alimenta a los grupos terroristas que amenazan su seguridad nacional (y la nuestra). Hacerles ver esa realidad puede resultar mucho más efectivo que mil argumentos economicistas.

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