Treinta días inmamables

Treinta días inmamables

Septiembre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Tengo la firme intención de refugiarme en una isla desierta, a la cual no llegue la prensa, la radio, la televisión y menos las redes sociales, hasta el próximo 2 de octubre.Lo mismo deberían hacer quienes, como el suscrito, ya tienen decidido cómo van a votar ese día en el plebiscito y no tienen intención de cambiar esa determinación. Porque lo que se nos viene en los próximos 30 días es un pugilato interminable, tedioso y predecible entre los partidarios del SÍ y entre quienes defienden el NO.Lo que pasó con la pregunta escogida para formular ese día es buen ejemplo de lo que se nos viene palo arriba. Era previsible que a los partidarios del SÍ la pregunta les iba a parecer regia, y que la iban a considerar “neutra, clara y sencilla”, como la calificó el presidente Santos. También era de esperar que al Centro Democrático no le iba a gustar. Y que a cualquier pregunta que se hubiera escogido le sacaran peros. (Entre otras cosas me parece un error del uribismo cuestionar hasta el más mínimo aspecto de los acuerdos. Imposible que no hallen nada que les parezca bien en 297 páginas. Esa actitud retrechera les hace perder credibilidad.)Volviendo a la pregunta, a mi, que voy a votar por el SÍ, pero trato de mantener mi espíritu crítico, como el vicepresidente Vargas Lleras (con la diferencia de que yo no soy el supuesto coequipero de Juan Manuel Santos), me parece que esta tiene su veneno. Y que está orientada a que la gente vote afirmativamente el plebiscito.Desde el punto de vista idiomático, la pregunta puede ser una o dos, dependiendo si a la conjunción “Y” se le da un sentido conjuntivo o disyuntivo.En el primer caso, no hay problema, es una sola pregunta que tiene un sentido completo, pero en el segundo. serían dos preguntas: 1- ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto? y 2- ¿Apoya usted la construcción de una paz estable y duradera? Y quién no va a respaldar esta segunda opción.Además, muchos colombianos, quizás la mayoría, ignora que la pregunta tiene como base el encabezado de los acuerdos suscritos en La Habana. Y van a llegar a votar convencidos de que les están preguntando si apoyan la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. A quienes eso les ocurra, votarán por el SÍ. No lo duden.Pero el asunto tampoco es como para “rascarse las vestiduras”, como diría Santos. Era previsibile que el Gobierno iba a escoger la pregunta que, sin violar lo que dispuso la Corte Constitucional, más ayudara a su intención de que se imponga el SÍ. Lo que sí constituyó una metida de pata monumental de los negociadores y del Gobierno fue la negativa del Papa a ser miembro del Comité que escogerá a los magistrados del tribunal que aplicará la justicia transicional. Haber hecho pública la inclusión del Pontífice en ese grupo, sin haberle consultado previamente la aceptación, equivale a que un individuo reparta invitaciones para una boda, sin antes haberle propuesto matrimonio a la novia. Un gran descache, que no creo que vaya a disuadir a muchos partidarios del SÍ, pero sí plantea interrogantes acerca de la seriedad con la que se están manejando algunos detalles de los acuerdos.Lo cierto es que estos dos casos reflejan lo que nos espera durante los próximos 30 días: un alegato interminable. ¡Nos vemos en la isla!Sigue en Twitter @dimartillo

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