Ordóñese de la risa

Ordóñese de la risa

Septiembre 09, 2016 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

“Se acaba de cumplir el primer pacto de La Habana: la expulsión del Procurador”.Estas palabras, pronunciadas por Alejandro Ordóñez tras conocer el fallo del Consejo de Estado que anuló su nombramiento como jefe del Ministerio público, más que una despedida de ese cargo, parecen el inicio oficial de su carrera por la Presidencia de la República.Y digo inicio oficial porque extraoficialmente esa carrera arrancó hace rato, pues el ahora exprocurador dedicó sus últimos años al frente de ese puesto a capitalizar la audiencia que este le daba, para sus intereses políticos.Del paso de este polémico personaje por la Procuraduría rescato sus primeros años, cuando se dedicó a aplicar con mano dura la principal función que, sin duda, cumple esa dependencia: el control disciplinario.11 senadores, 5 representantes, 94 gobernadores, 1267 alcaldes, 22 diputados y 1128 concejales. Ese es el balance de servidores públicos sancionados por la Procuraduría en la era Ordóñez. Y la mayoría de esas sanciones ocurrieron en su primer período al frente del cargo.En esa época, Ordóñez se convirtió en el terror de los funcionarios corruptos. Muchos estábamos convencidos de que el tipo, con su espíritu de cruzado, era el llamado a castigar a los empleados públicos que se desviaban del cumplimiento de sus deberes.Infortunadamente, de a poco, el ahora exprocurador fue descuidando esa tarea y en lugar de ejercer una labor hacia adentro de la entidad comenzó a trabajar para la galería. Y se puso a opinar sobre lo humano y, literalmente, sobre lo divino. Y a anteponer sus convicciones religiosas a sus obligaciones constitucionales. Pero sobre todo, se convirtió en el principal crítico del proceso de paz. Y no es que me moleste que ese proceso tenga críticos. Al contrario, estoy convencido de que algo tan importante debe tener un adecuado control político. Lo que no creo es que el Procurador sea el funcionario llamado a ejercer ese control.De todas formas, Ordóñez se convirtió en una piedra en el zapato para el Gobierno, que de seguro no tuvo problemas en usar la influencia que tiene en las altas cortes para sacarlo de en medio. Porque, no nos digamos mentiras, las razones que expuso el Consejo de Estado para “expulsar” al Procurador fueron bastante flojas.Pero si lo que querían los enemigos de Ordóñez era darle escarmiento sacándolo de la Procuraduría, creo que tacaron burro. Y terminaron haciéndole un favor, pues de todas formas, el hombre se iba del puesto en enero, porque se le acababa el período. Pero al sacarlo anticipadamente lo volvieron víctima del supuesto complot entre el Gobierno y las Farc que él denunció en su discurso de despedida.Con lo cual, de cara a las presidenciales del 2018, Ordóñez puede reclamar esa condición de víctima para enarbolar las banderas de los opositores a los acuerdos de paz, que no lo duden, tendrán candidato en esos comicios. Y no será cualquier candidato, porque el jurista santandereano es de los pocos capaces de unir a la derecha de este país, que encarnan el Centro Democrático y el Partido Conservador.Como quien dice, anteayer el Consejo de Estado destituyó como Procurador a Ordóñez pero al tiempo lo graduó como candidato presidencial.De razón estaba tan ‘reído’ en su acto de despedida.Sigue en Twitter @dimartillo

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