No ceder ante Pichita

Febrero 26, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-26 Por: Diego Martínez Lloreda

Los protagonistas de la política en Cali cambian (algunos), pero todo indica que las prácticas que han envilecido esa actividad se preservan. Antes se llamaban Mauricio, Milton, Chicango, Urresty, etc. y el grupo de los Mipichi y hoy son el concejal Malo, Tamayo y el delfín de Chicango, entre otros. Pero el modus operandi y el objetivo no varía: presionar al Alcalde, atravesándose a sus iniciativas y a sus nombramientos para que les den una buena tajada burocrática y contratos. Como lo han denunciado ya otros columnistas, eso es lo que hay detrás de los cuestionamientos hechos a algunos funcionarios y, sobre todo, de los ‘peros’, que les están poniendo a la Reforma Administrativa que el gobierno de Maurice Armitage impulsa. A la Directora de Corfecali le armaron un descarnado debate, que partió de un anónimo en el que se hacían denuncias sobre la contratación en la más reciente Feria de Cali. Claro que el anónimo no lo fue tanto porque luego se supo que su autor es un seudoperiodista que estaba ‘rabón’ porque no le dieron la dirección de esa corporación, que él creía merecer por haber apoyado la campaña de Armitage. Al final las denuncias no quedaron en nada pero se le hizo daño a una eficiente funcionaria como Luz Adriana Latorre. Y de paso, al Alcalde.Debates con similar intención se han hecho a Metrocali y a Emcali. Los cuestionamientos a la empresa de servicios no están motivados en los problemas que tiene, que son reales, sino en la decisión de Armitage de no darles cuotas a los concejales en ella. Semejante ‘osadía’ los tiene indignados.Las trabas a la reforma administrativa tienen parecida motivación. Quienes las hacen no han entendido, o se hacen que no entienden, que no se les pide que aprueben esa reforma sino que le den facultades al Alcalde para hacerla. Una vez tales facultades estén, se abrirá el debate y los concejales podrán hacer los reparos que deseen.El que lidera esa especie de boicot es el grupo Pichita --Pinilla, Chicango y Tamayo-- heredero natural del extinto Mipichi. El concejal Malo, a diferencia del maestro Echandía, sí sabe para qué es el poder. Y está sacándole jugo a la Presidencia del Cabildo para alinear a sus colegas a fin de que presionen al Alcalde para que ceda en su actitud de no negociar con ellos. Por eso puso a Chicango jr., que es el clon político de su padre, como ponente de la reforma, ‘honor’ que este tuvo que declinar ante su falta de experiencia para asumirlo. El tercer integrante de los Pichita, Fernando Tamayo, es veterano en el asunto de ‘apretar’ alcaldes. Y sabe cómo hacerlo. Al punto de que, a cambio de apoyar la reforma, logró que le nombraran un primo como coordinador de los guardas de Tránsito. Pero parece que no ha cumplido su parte del pacto, porque ese respaldo no se ve. Las mañas de Tamayo no son recientes. Él fue el concejal que facilitó la llegada de Juan Carlos Abadía a la Presidencia de esa corporación, cambiando su voto a última hora. Se dice que ese ‘cambiazo’ fue posible a argumentos muy contundente$.Pero si las artimañas y los intereses de los concejales no han cambiado, al parecer el talante de los alcaldes sí. Y el actual no parece estar dispuesto a dejarse arrinconar. Pueda ser que mantenga esa actitud. Pichita y compañía le están midiendo el aceite y si al final cede, en lo sucesivo le seguirán aplicando la misma táctica. Por eso, es preferible que se hunda la reforma a estar sometido a 4 años de chantaje.

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