Más allá del ladrillo

Más allá del ladrillo

Junio 10, 2011 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

Sería un acto de inmensa mezquindad restarle méritos a la Ciudadela Educativa Nuevo Latir.Ciertamente la obra es impresionante: más de 17.000 metros cuadrados de construcción, con 3.000 metros de espacio público, gimnasio cubierto, laboratorios, salones de informática, guardería para niños, una biblioteca de cinco pisos que contará con seis millones de volúmenes... Con razón el alcalde Ospina ha llevado a todo el que ha podido a la obra y se ha dado el lujo de dejar con la boca abierta hasta a los más conspicuos de sus críticos.El mismo presidente Santos quedó descrestado de que una edificación de semejantes características fuera levantada en ese sitio.Pero como los periodistas no podemos tragar entero y nuestro deber es ver más allá de lo que los demás ven, hay que decir que si bien el edificio no tiene peros, el proyecto educativo que hay detrás del ladrillo y el concreto sí genera algunas inquietudes.Y en ese sentido, tengo la impresión de que al Alcalde le interesa más la edificación que la labor que se va a desarrollar dentro de ella.Lo primero que me preocupa, porque no lo tengo claro, es la forma en que se van a seleccionar los niños que van a tener el privilegio de educarse ahí. Es natural que apenas vaya a acceder a ese colegio un mínimo porcentaje de los niños que habitan en el distrito de Aguablanca. Eso se entiende. Lo importante es que todos los niños de ese sector tengan la oportunidad de competir por un cupo.Me explico: se deben establecer unas reglas claras para que los niños que entren al Nuevo Latir sean seleccionados de una manera transparente y por sus propios méritos y no por palancas o por favoritismos políticos o de cualquier otra especie.Si ello no ocurre y los pelados que ingresen a ese centro educativo lo hacen por pertenecer a una rosca, el Nuevo Latir se va a convertir en un antipático gueto, y los niños que ingresen a él van a ser mal vistos.Tampoco se conoce la forma en la que se van a seleccionar a los profesores que se van a encargar de la educación de los muchachos en Nuevo Latir. Ni qué modelo educativo se va a aplicar en el colegio. Ni quién va a tener acceso a la Biblioteca. Ni cómo se van a preservar las magníficas instalaciones de esa ciudadela educativa.Algunos piensan que lo mejor hubiera sido entregar en concesión a alguna fundación muy acreditada la operación del colegio. Lo que es una alternativa viable, que el alcalde Ospina, por su formación ideológica, no va a tomar.Eso es respetable, pero sí es innegable que deberían existir unas claras normas de gobernabilidad para el colegio que garanticen su existencia en el tiempo. Lo importante, más allá de las impresionantes instalaciones que posee, es que Nuevo Latir imparta una educación de alta calidad que le permita a los niños que se eduquen allí proyectarse como unos ciudadanos útiles para su comunidad.Porque sería muy triste que la ciudadela Nuevo Latir pase a la historia como un bonito edificio que adornó un deprimido sector de la ciudad. Y nada más.

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