La prensa, a la banca

La prensa, a la banca

Enero 31, 2019 - 11:55 p.m. Por: Diego Martínez Lloreda

No tengo nada contra los bancos y los banqueros. Al contrario. Tengo muy claro el papel fundamental que juegan estas entidades en la economía.

Sin el sector financiero no es posible la economía de mercado. Ellos son los que apalancan los grandes proyectos públicos y privados. Como no son entidades de caridad, lo hacen a cambio de una utilidad, en ocasiones excesiva. Pero también es cierto que asumen enormes riesgos, que, aparte de ellos, nadie puede asumir.

En lo personal, vivo agradecido con la banca porque gracias a ella hoy en día tengo mi casa propia, mi carro y eduqué a mis hijos. Si los bancos no me hubieran prestado dinero, no habría conseguido nada de eso.

A pesar del respeto que siento por esas instituciones me preocupa que poderosos banqueros se estén adueñando de los principales medios de comunicación, como acaba de ocurrir con la revista Semana.

El 50 % de este grupo editorial fue adquirido por el banquero Jaime Gilinski, dueño del Banco Sudameris y uno de los hombres más ricos del país. Su fortuna llega a US$3.500 millones.

Algo similar había ocurrido hace unos años cuando el principal conglomerado financiero del país adquirió el principal periódico nacional.

Esas son noticias inquietantes, sobre todo, para la libertad de expresión.
Lo ideal sería que el principal negocio del dueño de un medio de comunicación sea la información. Que su preocupación sea hacer buen periodismo para atraer grandes audiencias y que los anunciantes pauten. Pero cuando el principal negocio del dueño de un medio no es el periodismo se corre el riesgo de que éste ponga ese medio al servicio de otra actividad.

La verdad es que no solo en Colombia está ocurriendo que los ricos están adquiriendo medios. Uno de los periódicos más emblemáticos de Estados Unidos, el Washington Post, fue comprado no hace mucho por Jeff Bezos, propietario de Amazon.

Esto, sin duda, tiene que ver con la situación difícil que atraviesa la prensa a nivel mundial, debido al auge del internet y de las redes sociales.

Es entendible, aunque no sea lo ideal, que ante las enormes transformaciones que deben emprender para garantizar su existencia, las empresas de comunicación se asocien con personas que disponen de capital para apalancar esos cambios.

Me preocupa, en especial, cuando ese capital surge de un banco. Por la sencilla razón de que las instituciones financieras tienen miles de intereses. De hecho, con cada negocio que cierra, adquieren un interés. Y muchos de esos negocios son con el Estado, principal fuente de información para los medios.

Entonces, cuando un medio pasa a manos de un banco se corre el riesgo de que se antepongan ese sinnúmero de intereses a la misión de informar.

Volviendo al caso de Semana, en el comunicado que expidió la revista para dar cuenta de la transacción, afirman que “para garantizar la independencia editorial, la responsabilidad periodística queda exclusivamente en manos de Felipe López y Alejandro Santos”.

Ojalá sea así y que el nuevo accionista entienda que el valor de la revista reside en su independencia. Que ese es su mayor activo.

Eso está por verse. De todas formas, la obligación que tenemos los periodistas es velar por que la información siga siendo la principal preocupación de los medios. Sea cual sea la actividad a la que se dediquen sus propietarios.

Sigue en Twitter @dimartillo

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