La Gloria de Ospina

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La Gloria de Ospina

Julio 05, 2013 - 12:00 a.m. Por: Diego Martínez Lloreda

A través de su cuenta de twitter, el exalcalde Jorge Iván Ospina anunció, que el 3 de julio, “día de la dignidad y de la independencia he interpuesto denuncia penal por calumnia e injuria contra la columnista Gloria H”. En el escrito que tanto molestó al exalcalde, titulado “La valla que arde”, la sicóloga afirma que es una “desfachatez” que un hombre que tiene 38 investigaciones pendientes merezca que le pongan una valla en la vía más concurrida de la ciudad, agradeciéndole su gestión en la Alcaldía.Allí, Gloria hace una válida reflexión sobre la superficialidad con la que la opinión pública califica a sus gobernantes. Y usa de ejemplo lo ocurrido con Ospina, quien a pesar de que su administración estuvo rodeada de escándalos de todo tipo que han derivado en una avalancha de investigaciones, goza de aceptación popular, gracias a las obras que ejecutó.“¿Qué es más importante el impulso de obras o el desfalco?”, se pregunta, a propósito, la columnista. Más allá de los cuestionamientos que Gloria le hace a Ospina, lo valioso de su columna es que visibiliza una grave distorsión: la gente suele medir la gestión de un mandatario en función de la cantidad de cemento que ponga. Si un alcalde deja puentes y vías es magnífico. Si no, es un petardo.El caso de Jaime Castro en Bogotá es patético. Fue el hombre que puso en orden las finanzas de la capital y le devolvió la institucionalidad a esa ciudad. Pero en el inconsciente colectivo de los capitalinos Castro es invisible. Y cuando ha intentado volver a la Alcladía nunca ha sacado más del 2% de la votación. En cambio, sus sucesores, que hicieron las obras con la plata que Castro consiguió, sí son unos héroes.Sin ir más allá, miremos lo que le ha ocurrido a Rodrigo Guerrero. Su aceptación en los dos últimos meses se disparó. ¿Qué ocurrió en este lapso? la inauguración del túnel de la avenida Colombia. Queda claro que la gente valora mucho más esa obra que el esfuerzo que Guerrero ha hecho por organizar una administración que encontró descuadernada, por recuperar el manejo de los impuestos para Cali, por mejorar la educación de los niños, por organizar el caótico tráfico de la ciudad, por devolverle la decencia al manejo de los asuntos públicos y por otros muchos logros.La reflexión de Gloria es, entonces, válida y oportuna. En cuanto a Ospina, su decisión de judicializar la crítica refleja la intolerancia de nuestros dirigentes a los cuestionamientos. (Remember los intentos, por fortuna fracasados, de Angelino y Ubeimar de callar a sus críticos a punta de denuncias penales). Si en manos de Ospina estuviera, no dudaría en crear una junta que revise los contenidos de columnas como la de Gloria H, para evitar que esos señalamientos afloren, tal como hizo en Ecuador Rafael Correa.Pero como no tiene esa facultad, en lugar de responder a los señalamientos que le hizo Gloria, como haría un verdadero demócrata, decide ponerla a “subir escaleras en la Fiscalía”.Más que castigar la “osadía” de la columnista, Ospina mandó un mensaje a sus críticos: miren a lo que se exponen si se atreven a cuestionarme. Pero taca burro: el acoso judicial nunca ha disuadido a un columnista íntegro de decir lo que piensa.

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